miércoles, 6 de abril de 2011

Nokas



El escenario de este filme es la ciudad noruega de Stavanger. Allí, en abril de 2004, un grupo de 11 hombres vestidos con trajes de comandos tipo SWAT arribaron a la sede la empresa Nokas con el objeto de robar dinero en efectivo. Nokas es la forma corta de Norsk Kontantservice AS, la empresa que en Noruega distribuye dinero efectivo a los bancos.

El robo, se dice, es el más grande de la historia ocurrido en el país nórdico. El botín fué de 57 millones de coronas, algo así como 10 millones de dólares, de los cuales 51 millones todavía se encuentran desaparecidos. Existió una investigación posterior que incluyó varios arrestos. Esto aparece mencionado en los intertítulos explicativos al final de la proyección. Y el dato no menor (para los noruegos) es que la investigación y el juicio que implicó este siniestro costó a la sociedad cerca de 160 millones de coronas.

Siendo visperas de pascuas, hay mucha demanda de dinero, y en la sede de Nokas se encuentran atareadas las empleadas preparando los pedidos para afrontar las compras y las extracciones de los cajeros automáticos. Entónces irrumpe un grupo de personas ataviadas de comandos y perpetra el asalto. Acceden a un patio interno, y desde allí pretenden ingresar rompiendo un vidrio que da directamente al lugar en el cual la gente está trabajando, es decir, contando billetes. No tienen necesidad alguna de sortear ni custodia ni control policial: entran por la puerta de la empresa y se dirigen directamente al patio trasero. Los empleados los ven venir hacia el vidrio, pero no terminan de entender que sucede. Una vez que empiezan a golpear el vidrio con la intención de romperlo, comprenden la gravedad de la situación.

A la policía se la ve disciplinada y en cierto modo, relajada. No tiene la apariencia del oficial guapo o prepotente del cine más instalado. Tampoco aparece el agente obeso y tonto, algo así como la contracara del anterior, también habitué de las pantallas. Son hombres (hay varias mujeres, pero los que entran en acción son los varones) todos de edad que supera los 35 años, de físico apto pero no demasiado fuera de lo normal, y con aspecto sereno y profesional. Y como las pascuas también corren para ellos, hay muchos agentes de franco, con lo cual la seccional está algo desierta. En cualquier lugar del mundo, se podría decir que es el mejor momento para organizar un robo.



Los ladrones hacen casi todo bien. No se explica en detalle en la película, pero en la crónica periodística se puede averiguar que se trató de ex-militares albaneses bien entrenados. Uno de los aspectos sorprendentes de la película es el entorno alrededor del cual se desarrolla el robo. Hay una plaza, es de mañana, y hay mucha gente circulando, entre ellas, madres con sus niños y personas paseando mascotas. Tambien aparece un grupo de jóvenes en una esquina, conversando. A pocos metros de allí, integrandes de la banda están parados custodiando el trabajo de sus compañeros, portando armas pesadas y pasamontañas con casco incluído. Nada parece enturbiar la calma de los ciudadanos. En algún momento llega un patrullero avisado del asalto. Antes de salir a la calle a patrullar, los policías piden a sus superiores que le confirmen si deben salir armados. Claro que las armas de los agentes son pistolas pequeñas, que poco pueden hacer frente al armamento de los delicuentes. Sin embargo desenfundan y se preparan para intimidar a los agresores.

Policías y ladrones se encuentran a distintos lados de la plaza, mirándose unos a otros, pero tardan en abrir fuego. Cuando me refiero a que tardan, lo digo en términos cinematográficos. Uno, habituado a las proyecciones hechas en Hollywood, imagina que va a tener por lo menos 15 a 20 minutos a sangre y fuego, como para justificar el pochoclo al menos. Aquí empiezan por apuntarse, escondidos tras cada esquina, sin más que eso. Antes de los disparos una transeúnte le habla al delicuente:

- ¿Disculpa? ¿Puedo pasar?





El asaltante le hace un gesto con la mano, y la chica pasa. Al otro lado de la plaza el oficial de policía le grita a la gente que se aparte, que está sucediendo un asalto.

En algún momento todo parece tan bizarro que se transforma en realidad. Afortunadamente no me ha tocado estar en ninguna situación de esas, pero da claras que esos momentos deben ser de esa forma, al menos en este tipo de países. Muchos de los hechos de violencia que nos relatan a diario los medios de comunicación carecen de la tremenda dosis de sorpresa que siempre es una carta a favor de los delincuentes. Y allí cuando uno toma verdadera conciencia de que está en medio de un asalto, si es que se trata de un atraco de película, el asalto ya terminó. Así se contó hasta el hartazgo el manual del perfecto ladrón: rápido, sigiloso, calculador. Al punto que en numerosas historias, el protagonista carga con tintes heroicos y hasta de leyenda, por lo bien que roba. Pero en el idioma del cine industrial, ¿cómo se cuenta en una película de dos horas una historia de un robo que llevó 10 minutos? Y ahí empiezan a aparecer los tiros, los técnicos en comunicaciones, el héroe que se desliza por los ascensores, el muchacho de explosivos, el rehen, y todo el set de utilerías. El robo en el cine es como el western: se inventó para la pantalla, pero en la realidad no existió nunca.

El robo verdadero y bien contado es como el que cuenta Nokas, con agentes que vacilan y sin tener miedo muestran sus cuidados. Con transeuntes curiosos pero no idiotas que solo buscan sacar fotos con sus teléfonos. Con trabajadores que buscan evitar el robo pero a la vez no comen vidrio, y priorizan su vida antes que cualquier otra cosa. Y con una comunidad que esta más acostumbrada a que baje un oso del bosque y se estrelle contra un auto a que haya un asalto a plena luz del día.

Imdb: http://www.imdb.com/title/tt1337366

jueves, 17 de marzo de 2011

El cazador de trolls.



Antes que nada, y para quienes no conocen, un troll es una criatura mitológica propia del folklore escandinavo. Es un ser antropomorfo, gigantesco, temible y malvado, que vive bajo la tierra o en las montañas. Similares a los ogros de otras culturas, últimamente tuvieron cierta notoriedad a partir de las películas que recrean los libros de Tolkien.

La cinta en cuestión tiene un formato de documental. El espectador no tardará en notar algunas similitudes con El proyecto Blair Witch, sobre todo por el uso de la cámara en mano y además porque el escenario es también un bosque, sólo que esta vez se encuentra en el norte de Noruega.

La proyección arranca con un inquietante texto sobre fondo negro que explica que en el año 2008 una empresa productora filmográfica noruega recibió un paquete de manos anónimas que contenía dos discos duros con más de cuatro horas de filmación, y que la película que sigue es una versión preliminar de ese material, que no ha sido manipulado. Añade que durante más de un año, un grupo de investigadores estuvieron tratando de determinar si el material era falso o no, y que finalmente llegaron a la conclusión de que era veraz.

Tras este prólogo, y dependiendo de la capacidad de adhesión con este tipo de cine, uno puede prepararse para disfrutar de lo que parece ser una de miedito, cambiar por algo que insinúe más terrenal, si es que el positivismo lo doblega, o bien ir por el pochoclo. Lo que agrega nuevas opciones a la decisión a tomar, es que este trabajo viene de allí, de Noruega mismo, y eso no es poca cosa. El cine nórdico, en general, refleja nítidamente la consonancia del clima imperante con la gestualidad de sus habitantes. Más allá de los trabajos Roy Andersson y Aki Kaurismaki, en general, lo que llega de esta punta del mundo y está claramente fuera del género dramático, es, como mínimo, bastante ácido; puede haber humor, pero seguramente lo será de color oscuro, y cuesta bastante que aún en el extremo de las emociones, se deje ver a esta gente perder la línea. En cazador de Trolls, en cambio, aparece la veta vikinga.



Un grupo de jóvenes de la universidad de Volda investigan lo que parece ser una caza ilegal de osos en la zona de los fiordos, y van tras un intrigante sujeto que parece implicado en el asunto y se niega a prestarse a una entrevista. Los estudiantes, embebidos de fervor periodístico, siguen a este individuo en su rutina diaria con el objeto de descubrir algún indicio o pista que puedan hilvanar. Así será que acabarán descubriendo una actividad que, hasta el día del estreno de este filme, estaba oculta a los ojos de la sociedad noruega y el mundo todo: el control y cacería de trolls en el norte del territorio

A esa altura de la proyección, se esta frente a dos opciones: o se cambia por algo con fondo verde y un esférico que ruede entre unidades de carbono, o se hace cómplice del juego propuesto y se cree de pies a cabeza lo que está viendo. Yo, por supuesto, hice esto último, y me divertí de lo lindo.



En algún momento, el género se transforma de un periodístico a una comedia que tiene algunos roces con la saga Hombres de negro, pero lo interesante es que nunca pierde el formato documental, el cual es respetado a rajatabla, con los jóvenes hablando a cámara, y con el movimiento inquieto y desprolijo tan propio de cuando a uno lo corre un troll por un bosque de Noruega. Por supuesto, hay efectos especiales que matizan adecuadamente la historia. Acá los monstruos aparecen, no es cómo en El proyecto de Blair Witch, Cloverfield, o la catalana Rec, entre otras, en donde se saturó con la inquietud causada por la cámara imprecisa y el sonido ambiente en medio del desastre. En aquellas producciones, hay que decirlo, hubo un hallazgo inicial, producto de una búsqueda de comunicar terror de un modo diferente, pero la gran parte del suspenso provenía del interior de cada uno de nosotros. En Alien, de 1979, tras una hora de estar con los dientes apretados sin haber visto nada, la criatura finalmente aparecía, y era bien fiera. Con la introducción de la cámara en mano y la primera persona actuando, el género esta mutando en nuevas variantes. En cazador de trolls, aparece aplicado al documental apócrifo.

No arruiné ningún final, descuide. Este documental tiene toda la seriedad propia de una investigación de primera línea, con pruebas irrefutables, documentación adecuada, testimonios precisos. Sólo que son desopilantes, descabellados, y tan bien planteados, que bien pudiendo tratarse de una grosería, pasan por un tamiz de fino humor. Dos perlas: las planillas oficiales con logo del organismo encargado de la cacería de trolls y todo, que el cazador debe llenar cada vez que obtiene una presa, y la develación que las líneas de alta tensión que cruzan el norte del territorio, en realidad se instalaron a modo de cercas que mantienen a los trolls dentro de su territorio.

Consiga Cazador de trolls, y disfrute. Encontrar este tipo de humor de este lado del planeta es bien raro como un troll de ojos negros.

Imdb: http://www.imdb.com/title/tt1740707

jueves, 3 de marzo de 2011

Recitales
Mario Vargas Llosa en La Argentina



Se sucita en los últimos días una avispada polémica por el espacio cedido al escritor peruano Mario Vargas Llosa para que discurse en la apertura de la feria del libro de Argentina. El director de la Bibloteca Nacional, Horacio González, opinó mediante una carta pública, su posición contraria a la invitación, y posteriormente por pedido de la Presidenta de la Nación, debió dar marcha atrás en sus palabras, con el objeto de no mellar en lo más mínimo la libertad de expresión de quien, es seguro, va a hablar mal del país, de sus dirigentes, y de la torpeza de los ciudadanos que insisten en votar a gobiernos populistas.

Como este bretel es finito, pero tiene espaldas, vamos a dar despacho de postura. Hace años que dejé de ir a la feria del libro. Es un gentío insoportable de personas que (en su gran mayoría) entiende que expía su culpa cultural sólo con el hecho de concurrir, cuando en concreto no lee más de dos libros al año. También hacen colas interminables y pagan libros carísimos que posiblemente luego no terminen, pero lucen bonitos en las estanterías de sus casas. Algo parecido sucede con los festivales de cine independiente. Esta ciudad tiene esas cosas. En los años 80 alguien logró poner de moda las pistas de hielo (¿), por ejemplo. De todos modos, es bueno que haya feria del libro, y que se llene también.

Pero el señor Vargas Llosa dejó hace años de ser solamente un escritor. Es un importante operador político de la derecha, interviene y mantiene en numerosas organizaciones que enbanderan ideales conservadores, y, por si fuera poco, quiso ser presidente de su país. Es un político, que escribe muy bien, se ha ganado un Nobel y tiene un perstigo en las letras que no admite dudas, pero es un político, que olvidó que la arena de estas artes es un poco más sucia que la de las editoriales. No puede atacar como político y tratar de defenderse como hombre de la cultura, un librepensador que el aparato del estado intentó prohibir o censurar. Si buscó gobernar su país, era porque pensaba ganar con el voto popular, y tal vez allí sea donde resida la contradicción que más lo atormente. Sus cultos amigos pertenecientes a la elite de poder económico no son lo suficientemente poderosos como para proclamarlo jefe de estado, al menos en estos tiempos de democracia, y no queda otra para acceder al poder, que valerse del voto de esos ignorantes que gustan de elegir insistentemente por otra cosa. Y cuando debe ponerse el calzado de político, entendiendo la política como el arte de cambiar la realidad y de convencer a las personas de cuál es el mejor camino para lograrlo, convengamos que no muestra paso galante, es más bien torpe en ese aspecto, a juzgar no solo por sus declaraciones acerca de los gobiernos populistas, de primitivo nivel de análisis y profundidad, sino también porque perdió las elecciones de su país en manos de Alberto Fujimori, quien siendo presidente escapó acorralado por los escándalos y pretendió renunciar a su cargo vía fax.

Lo más divertido fue la puesta en escena de los partisanos de derecha acerca de sentirse perseguidos o atacados cómo su lider cultural. Justamente quienes son los duenos del aparato comunicacional, las empresas y el poder; quienen son capaces de afirmar que los sepelios de los ex-presidentes son organizados por colectivos culturales y se realizan con ataúdes vacíos, se manifiestan como cohartados en libertad de expresión. Aceptemos que a la derecha le cuesta juntar personalidades de la cultura, y si es por eso, es bueno que las cuiden. Pero de todos modos, no creo que ninguno corra peligro. En general, la gente de derecha no suele ir a muchas manifestaciones, y si va, casi nunca la corre la policía; menos que menos alguno perece bajo las balas de los uniformados, y definitivamente, ninguno desaparece.

lunes, 21 de febrero de 2011

Afterschool



Se podría decir que Aterschool ("Después de la escuela", en español) es una película que habla sobre la realidad. Pero no un documental sobre actualidad, sino más directamente, lo que significa "la realidad". En el caso puntual del filme, la sentencia sería "que es la realidad" para Rob, el protagonista.

La historia transcurre en un colegio secundario de Nueva Inglaterra, una región al noroeste de los Estados Unidos, que según Wikipedia, "produjo las primeras piezas de literatura y filosofía estadounidense y fue el hogar de los inicios de la educación pública y gratuita", a la vez que "desempeñó un papel prominente en el movimiento para abolir la esclavitud en los Estados Unidos". Se lo ve lindo al colegio; tiene el aspecto de un instituto privado con una importante carga de prestigio que mantener. El recorte social que se aprecia es de clase media/alta, a juzgar por el predominio caucásico y estilizado del alumnado, y la casi ausencia de indicadores que en general el cine utiliza para señalar a las clases más bajas: jerga callejera, imposición física, ambiente de bandas o pandillas, obesidad o desaliño físico, etc. Los alumnos, que parecen provenientes de un casting, reflejan algún tipo de pertenencia a un sector que comanda y oculta, las dos vueltas de cerradura imprescindibles para mantener a salvo el claustro.

Rob tiene su propia realidad, más allá de dónde pertenece y de quien lo rodee. Está cursando los primeros años, apenas se interrelaciona, y consume su tiempo fuera de clases encerrado en su habitación mirando videos de internet. Prefiere los del tipo graciosos, de accidentes caseros o los de peleas callejera; a veces también algo de pornografía. Pero los que más lo excitan son aquellos en el que aparece un sujeto entrevistando a una joven amateur. El tipo le habla duro, grosero, la maltrata verbalmente. Luego la agarra del cuello como si fuera a ahorcarla y la obliga a saludar a su familia, a decirle a su mamá que va a tener sexo por dinero. La chica obedece mirando siempre a la cámara, y diciendo lo que se le pide, aunque perturba cierto miedo en su mirada. Como sea, ese cuadro a Rob lo excita, al punto de poner llave a su cuarto para poder masturbarse a oscuras.



Mucha droga y vodka circula por la escuela cara. Los alumnos comercian entre ellos no con mucho disimulo. No parece hacer falta mantener tanto rigor en el secreto, ya que cualquier filtración será mantenida puertas adentro por el tácito control interno que impone la imagen del establecimiento. Rob habla con su madre por teléfono, le cuenta que no está a gusto en el lugar, le dice que siente que él no es una buena persona. Su madre intenta calmarlo, le dice que se maneje con su consejero, le ofrece gestionar pastillas para él. Rob declina el ofrecimiento, y finalmente hace lo que su mamá le pide: la deja tranquila, diciéndole que va a estar bien, haciendo como que ignora lo que sucede a su alrededor, incluyendo a las parejitas que se manosean en las salas de estar o al dispensario de cocaína en que su compañero transformó su habitación.

Existe la consigna en la escuela de anotarse en alguna actividad para después de clase; algún club o tarea deportiva. Hay un taller de video en el que Amy, una compañerita que le gusta, va a anotarse. Rob suma conveniencias y no duda. El profesor los integrará en un equipo y les asignará un trabajo que asegurará a Rob estar cerca de ella. Ellos deberán filmar planos de acercamiento, tomas de las aulas, los pasillos, etc, lo que en la jerga fílmica se llama el b-roll, o material complementario para el video completo.

La cámara será para Rob ese lente que le permitirá moldear la realidad a su conveniencia. Él verá tras el foco, y reinterpretará todas y cada una de las imágenes, como si pudiera editarlas en línea en su mente, y hacer con ellas un lugar más confortable, o al menos, menos hostil. Él tiene la cámara, y también a la chica, y la cosa puede acabar en cualquier lado, máxime cuando ambos experimentan sus primeros escarceos sexuales.



Ommipresentes a lo largo del filme, están las mellizas Talbert, dos bellísimas jóvenes de los cursos superiores que tienen encandilada a toda la escuela. Ellas representan ese afuera del éxito, son las "chicas populares", ese modelo a seguir. Y pagarán algún precio por ello, sin duda. Rob tras su cámara será una persona diferente, capaz de encontrar un nuevo intérprete a sus demonios, y le tocará compartir escena con las mellizas, las estrellas rutilantes del show. Sólo que ahora él cuenta con su cámara, su arma fetiche que compone la realidad que él decide. Otra vez juntos, la realidad y Rob. Alguien le señalará en algún momento que todo lo que aparece en el porno no tiene nada de real. Él duda, no coincide plenamente con esa afirmación, piensa en el sujeto del video que asusta a la chica y él cree que ese miedo es real.

Antonio Campos es el jóven director de este que es su primer largometraje. Nacido en 1983 en Nueva York, realizó varios cortos previamente y actualmente se encuentra rodando su segundo largo. Puso todo su talento al servicio de tratar de comprender la llamada "Generación You Tube", o jóvenes que abordan la realidad a través de los videos de internet. Quienes admiramos a Haneke vemos con agrado su influencia en su trabajo.

Imdb: http://www.imdb.com/title/tt1224366

domingo, 9 de enero de 2011

En algún lugar



Cuenta la leyenda que cuando le encargaron a una persona diseñar la botella que contendría la exitosa bebida Coca Cola, se le solicitó que, aún rota en mil pedazos, el envase pudiera identificarse tan sólo a partir de un pequeño trozo. Y con la botella de vidrio que utilizó la marca por años, la premisa funcionó a la perfección.

La última producción de Sofía Coppola es En algún lugar, y tiene todas las marcas que han hecho de la estadounidense una realizadora, ya a esta altura, reconocible a distancia por uno de sus fragmentos. Ella tiene una gran capacidad para retratar momentos aislándose de todo el resto, configurando el foco central sin necesidad de sobreexplicar lo circundante. Cuando debutó con Las vírgenes suicidas (1999), contó una historia de los más truculenta y oscura, casi como si fuera una comedia de travesuras juveniles de los años 60. En Perdidos en Tokio (2003) tuvo la sensibilidad para construir una relación pletórica de frases y caricias no dadas entre una jovencita y un señor maduro, ambos en pareja, sin trasuntar un solo gramo de culpa ni moralina. Y en María Antonieta (2006) nos contó la historia de los manuales del secundario con música pop, con lo que muchos descubrieron que los adolescentes no son una especie creada para fastidiar a los de más de 35 años, sino que existieron siempre. Ahora concentra al máximo su capacidad de observación y nos trae esta preciosa fotografía de un instante de la vida de un hombre con su hija que dura unos pocos días.

Johnny Marco (Stephen Dorff) es un actor de cine que está en la cresta de la ola. Joven, apuesto galán, las tiene todas consigo: un auto deportivo que tiembla la tierra, chicas gemelas que le bailan el caño en privado, hoteles de lujo para parar, mujeres que lo conocen allí dónde se encuentre… todo contado de entrada como para despertar un poco (al menos) de envidia en cualquier macho adulto. Claro, cuando se corre un poco el polvo se ve la superficie: Johnny esta solo. Tiene una hija, Cleo (Elle Fanning) de once años. Su madre y ex de Johnny, comparte a su hija con la estrella, pero en algún momento, necesita dejarla con su padre por más tiempo. Johnny deberá continuar con los compromisos de astro, pero deberá cumplir con su rol de padre a tiempo completo.

Él deberá llevar consigo a Cleo a viajes por el mundo en jets privados, compartir habitaciones de hotel con piscinas privadas bajo techo, a la vez que hacer un hueco a las señoritas que insisten en meterse en su cama y aparentar frente a periodistas y empresarios. Todas aquellas actividades pueden resultar vanas para Johnny, pero al fin y al cabo son las que lo mantienen vivo, porque él está hecho de eso. Su asistente Sammy (Chris Pontius), es como un primo para él y un tío divertido para Cleo. Juntos pasan horas frente a los video juegos durante el tiempo que su padre cumple obligaciones de contrato.



El mundo de Johnny es lujo y derroche por donde se lo mire. Pero la cámara de Sofía hace que no se sienta suntuoso, insultante o ajeno, sino que guía la mirada del espectador hacia dónde ella quiere, que es la percepción que toda esa cobertura de placeres y sensaciones es insuficiente para él. Su hija parece comprender a su padre con más adultez de la necesaria; sin embargo da lugar a sus genes y en ningún momento deja de sentirlo de su propiedad, reclamando territorio cuando alguna intrusa le disputa protagonismo. Es de destacar la actuación de la joven Fanning (a mi gusto de mejor proyección que su hermana Dakota), de una soltura y naturalidad sobrecogedora, fundamentalmente en los momentos más lúdicos de la historia, cuando se la ve jugar con su padre en largas tomas sin costura.

Tal vez para Sofía Coppola hacer este tipo de películas es ver la vida en capítulos. Esta vez decidió mostrarnos un recorte de la relación entre un padre muy importante y ocupado y de cómo de pronto debe hacerle lugar a su hija. No se puede resumir este filme como una peli que “cuenta la relación entre padres e hijos”. No. Es Una relación entre Unos padres y los hijos que tienen. Ella filma retazos, extractos de la realidad. El resto ya sabrá ponerlo cada uno.

No puedo ser imparcial con Sofía, lo sé. Es que ella si me entiende, es de mi generación; tenemos en común ciertas miradas de la realidad y la fortuna de nuestros padres. Mientras siga mostrando la vida de la hermosa manera que lo hace, me tendrá ya sabe dónde, en algún lugar, muy cerca de sus pies.

Imdb: http://www.imdb.com/title/tt1421051

martes, 4 de enero de 2011

Carancho



Tal vez no sea bueno para el cine argentino hacerse a la idea que cada tanto puede ganarse un premio Oscar. Más allá de lo objetable de la calidad de las películas que se premian en dicho certámen, si está fuera de toda discusión que se trata de un galardón de la industria, no de la crítica, ni mucho menos de los artistas y realizadores. Es decir, un premio del mercado hacia el mercado. Por eso cada tanto aparecen, a modo de culpógenos anticuerpos, algunos premios a filmes del tercer mundo o a películas de denuncia, una forma de auto-legitimarse. Pero todo tiene su límite: una cosa es premiar una película que reclama por la matanza de koalas o la polución en las grandes ciudades, la minería a cielo abierto y las manchas de petróleo, y otra muy distinta es cuestionar la forma de mirar las cosas desde adentro del sistema. Tal vez por eso un director como Haneke no reciba nunca un premio de estas características, por ejemplo.

De todos modos, un Oscar da prestigio, no cabe duda. Lo cuestionable aparece cuando por querer ganarlo se pierden identidades. Algunos directores de cine están en busca de la piedra roseta que les indique como llegar a la estatuilla, y piensan sus películas en función de quienes pueden ubicarlas en la terna. Y ahí se va al diablo el cine argentino, sin más. Algo similar pasó con la música latina.

Lo que hoy se conoce en las radios como música latina, es el formato realizado por músicos latinos siguiendo la receta del mercado norteamericano de como debe ser la música latina. Explico mejor esto. En algunos lugares de Estados Unidos la cultura latina se hizo de un masividad peligrosamente dominante, al punto de hacer peligrar el mercado local. Entónces comienza a funcionar el excepcional mecanismo estadounidense de a) fagocitar, b)digerir y c)regurguitar el producto, reformateado al consumo propio. Allí aparecen las cantantes latinas cantando en español, pero con toda la impostación vocal de las cantantes melódicas estadounidenses. Y chau cultura. Así fue como perdimos a la mejor Shakira, esa que hoy no para de jadear y manosearse, mientras que hace unos pocos años nos enloquecía con "bruta, ciega, sordomuda".



La película El secreto de sus ojos ganó el Oscar, en gran parte, porque fue pensada para eso. Su director conocía perfectamente los códigos necesarios para acceder a ese lugar, se movía en ese ambiente desde hacía tiempo, y se ve en el tratamiento de la imagen y en el formato de los díalogos todo un trabajo de emparentarse con esa forma de hacer cine. Campanella provenía de cosas diferentes, venía de El hijo de la novia, de Luna de Avellaneda. La cinta que ganó el Oscar es distinta, está hablada en español y trabajan artistas nacionales, pero le falta el guiño cómplice argentino.

Trapero viene en cambio de Leonera, El bonaerense, Mundo grúa. Estamos hablando de uno de los cuatro o cinco directores fundacionales de lo que se dio en llamar el Nuevo Cine Argentino. En su trabajo anterior, Leonera, aún se respira perfectamente ese aire. Los personajes interpretados en sus películas casi siempre nos recuerdan a nuestros vecinos, algún comerciante del barrio, de alguna forma, a nosotros mismos. Hablan y se mueven como nosotros, razón por la cual nos sentimos representados. Y por eso nos encariñamos tanto con el Rulo de Mundo grúa, porque le creíamos cada cosa que decía. Algo de esa escencia empieza a perderse en Carancho, y, quieran los dioses que uno se equivoque, tal vez sea por las ganas del director de tener un Oscar en la repisa.



No se encuentra otra explicación entónces a algunos planteos de guión de la película. Si lo que se desea es cuestionar fuerte algunos aspectos de la sociedad para encarar una denuncia, debe hacerse de manera creíble, de lo contrario el efecto puede ser el contrario. Cualquiera se puede imaginar las calamidades que pueden vivirse en una sala de guardia de un hospital público del conurbano bonaerense en una noche de sábado, por ejemplo. Pero mostrar en una misma escena a dos personas que acaban de pelearse y son atendidas en un consultorio, y en medio del quehacer de los médicos, los heridos retoman la gresca; los que están afuera esperándolos quieren entrar, todos se parapetan en la sala, afuera se escuchan disparos, los médicos no saben si curar o protegerse… Toda una situación que parece salirse de la pantalla, como cuando al poco tiempo de rodaje vemos al personal de aseo limpiando los charcos de sangre del piso de la guardia, mientras todo el equipo médico sigue trabajando como si nada alrededor. También vimos como un herido borracho intentó propasarse con la doctora que lo atendía y como el jefe de los médicos trata a su gente como si fueran cadetes de un colegio militar.

El personaje de Martina Gusman, Luján, también es difuso. Se droga con sustancias que saca aparentemente de forma ilegal de la farmacia del hospital, y si bien en algún tramo del filme menciona su adicción, no aparece asimilada con la historia, es como un hecho descolgado. Sería una pena encasillar a Gusman exclusivamente en papeles marginales. El personaje de Ricardo Darín, Sosa, es el de un abogado corrupto que lucra con accidente de tránsito, cuando no los gestiona personalmente. El gran actor argentino de los últimos 10 años, siempre fue capaz de brillar aún en producciones que no resultaron del todo aceptables. Aquí se lo ve repetido, poco penetrante en su rol, algo que sorprende, porque por su calidad interpretativa, hay que esmerarse mucho para hablar de un Darín que no actúa de 8 para arriba en una película. El resto de los personajes orbitan pero no combinan, hay como toda una desconexión en el trabajo como cuando a una torta le falta huevo. Hay alguna escena de sexo que sólo cumple con el rigor de que no debe estar ausente, pero que tampoco suma. El final es no sólo es obvio, como la letra del bolero que ellos bailan en la fiesta de quince, sino que parece como que el director quiso sacarse de encima la responsabilidad de tomar alguna decisión, y optó por la más fácil.

Tal vez no sea bueno para el cine argentino ganar más premios Oscar. Nos puede pasar como cuando algún gen mirtalegranezco recesivo oculto en el inconciente colectivo hizo mutar la pajita en sorbete: vamos a perder identidad. Y la identidad, una vez que la perdés, fuiste, man.

Imdb: http://www.imdb.es/title/tt1542852/

viernes, 24 de diciembre de 2010

La red social



La película La red social narra los entretelones de cómo Mark Zuckerberg tomó la idea para la creación y lanzamiento del sitio Facebook, en pleno ambiente universitario estadounidense, allá por 2003. El relato ronda la audiencia de negociación que se entabla para evitar distintos juicios contra Zuckerberg, tanto de quienes lo acusan de robar la idea (los gemelos Winklevoss), como de su camarada y amigo Eduardo Saverin, por literalmente dejarlo fuera de la sociedad mediante la traición en la firma de documentos.

Quienes gusten del estilo de filmes sobre juicios, con los diversos alegatos justificados por ambas partes (aquí en forma de flash-backs que sirven de soporte al relato), disfrutarán de la proyección. Cuesta seguir ese estilo de diálogo rapidísimo de contestaciones y contra-respuestas canchero que satura gran parte de las escenas, y que como habré dicho en otra ocasión, cuestiona fuertemente el subtitulado a favor del doblaje, más cuando el 70% del diálogo es intrascendente y no hace más que dejar exhausto al espectador para cuando llegue el momento de la charla relevante. Hay numerosas referencias al mundo informático, ya sea técnico o comercial, que seguramente dejarán afuera a muchos, pero la mísma película se encarga de hacernos saber que cosas son importantes de recordar y cuales son simples menciones de referencia.

Lo digno de mencionar bajo la óptica de nuestro queridísimo bretel, no es puntualmente los aspectos constitutivos o dialécticos de la película, que, es justo decir, se disfruta a pesar de abrumar en algunas partes. Una vez más lo que llama la atención es el significante oculto, o tal vez no tanto, que tiene que ver con los motores que impulsan al jóven Zuckerberg a moverse de la forma en que lo hace, y al fenomenal éxito de Hollywood en lograr la aceptación masiva del público (y en algunos casos hasta envidiosa) de la canallada.



Provengo del ámbito de la informática, así que puedo dar cuenta de algunos aspectos que muy bien se retratan en La red social. La personalidad del personaje es bien clásica de ese ambiente, y está muy bien lograda por el actor Jesse Eisenberg. Se trata de un sujeto hosco, introvertido, y bastante intratable. La película comienza cuando su novia de la universidad lo deja. Perplejo e incrédulo por cómo se desencadenaron los hechos, Zuckerberg se mueve rápidamente y canaliza su despecho en un sitio de la red interna del claustro en la cual denosta a la chica y al resto de las mujeres del lugar. A partir de allí comienza a darse la génesis de lo que más tarde será Facebook. Siendo simplista podría resumirse que el origen del multimillonario sitio es la soledad y la venganza.

Pero hay mucho más. La soledad puede dar, en su lugar de recogimiento, a inmumerables obras que bien pueden retratar el momento para la eternidad o tal vez mitigar o revertir el padecer circunstancial. En este caso no es así, sino que da origen al monumental fenómeno de los 2000, que es el de la gente-sola-junta. Algo así como el paradigma de la soledad en colectivo, apenas entibiada por el hecho de pertenecer sólo por la simple posesión de objetos de tecnología o la membresía a listas de individuos sin fines de agrupación.

Dónde aparece excelentemente retratado el perfil del nerd que es Zuckerberg es en sus iniciales principios de vencer el desafío por el desafío mismo, algo muy propio del hacker. El hacker no busca fama, simplemente siente placer al desnudar la vulnerabilidad de un sitio en particular, y plantar allí una bandera diciendo: “mira donde he llegado”. En general no es un delicuente común, no lo hace para robar un banco o estafar a ninguna empresa; sueña con entrar a un sitio del nivel de el FBI o el Mosad y dejar algún recuerdo de su paso por allí. Del mismo modo que el contrabandista de obras de arte famosas, casi en forma onanista disfruta él sólo con su delito, ya que no puede exhibirlo a los demás ni contárselo a nadie. Esos ideales de realización más allá de lo material que se muestran originalmente en el protagonista de la historia, posteriormente mutan en una despiadada carnicería por llegar a sus objetivos sin ningún tipo de miramientos ni distinciones de ninguna clase.



El Mark Zuckerberg de La red social es tan frío como los algoritmos matemáticos que dominan su sitio. Apenas gesticula (mérito del actor), reserva toda su adrenalida para el parlamento y el teclado, pero se muestra como un sujeto desalmado e impertérrito a la hora de traicionar a quien sea con tal de llegar a destino. Y sin decirlo tácitamente, sin cometer el políticamente incorrecto acto de ponerlo en ningún pedestal, el filme logra en muchos espectadores una sonrisa casi cómplice, piola, tan canchera como los díalogos. Y es dónde allí aparece el mérito de Hollywood que se mencionaba antes: de contar el peor de las tragedias o la mayor de las traiciones con algo de crema batida y unas cerezas marasquino para que queden bonito y no caigan mal a nadie.

El fime muestra que el protagonista acaba la historia del mismo modo que como empezó. Aquellos a quienes por su ideología la película los excitó hasta la erección, contestarán: “sí, pero con algunos millones en el banco”. Seguramente, con unos cuantos millones en el banco, pero dando una magnífica lección de cuál es el atajo utilizado y desenmascarando hasta al hueso a quienes lo admiran.

Interesante replanteo para quienes no pueden estar un instante en la soledad acompañada por sí mismos, les cuesta permanecer solos en una confitería sin consultar su teléfono móvil en vez de mirar a la gente, o se sienten poco queridos si andan cortos contactos. Y también para leer detalladamente las condiciones antes de aceptar cualquier acuerdo que le proponga su red social amiga. No sea cosa que un día se le aparezca un señor con maletín reclamándole a su hermana.

Imdb: http://www.imdb.es/title/tt1285016/