Mostrando entradas con la etiqueta Japón. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Japón. Mostrar todas las entradas

domingo, 29 de abril de 2012

Nuevo tipo: sólo para su amor



Yuri es una joven que trabaja vendiendo tickets en la terminal de ferri. Tiene un ojo ciego; ella lleva puesto un parche para cubrir la mancha que empaña su visión. Cada tanto, se lo quita y frente a un espejo se limpia con un pañuelo; atento su ojo sano presta atención al cuidado periódico.

Yuri conocerá a Kwon, un jóven que llega tarde a comprar boletos para el último ferri. Posteriormente, la arribará en una situación no del todo amistosa, pero con el tiempo un vínculo particular le gestará entre ambos.

Los une a Yuri y Kwon sus particulares poderes sobrenaturales. Él tiene alguna capacidad para transmitir energía a distancia, y se ve como puede hacer estallar lamparitas y cosas así. La capacidad de Yuri es más compleja de manifestar, y por sus implicancias en su persona, menos frecuente de sucederse. Muy a tono con su apacible vida solitaria en el hogar, que mantiene en forma rigurosa haciendo muestra de sus habilidades con la pintura.  Con el transcurrir del rodaje, aparecerá un tercer personaje poderoso, Akiyama, una jóven que conoce a Kwon, y con quien comparte una historia que completará la trama del filme.

El nuevo tipo que aparece en el título es una referencia a los personajes humanos con capacidades psíquicas superiores que aparecen en los universos de la Gundam, animes de ciencia ficción situados en algún lugar futuro, y que por lo general narran los conflictos armados que suceden entre la tierra y sus colonias, ansiosas de libertad.

Ryuichi Hiroki , quien ha compuesto historias de alto octanaje dramático, se licencia en esta cinta con una de fantasía y romance. No alcanza el despliegue que pudimos ver en Vibrador y Sólo son habladurías, pero con su formato se acerca a un público que en el Japón es sumamente apreciado, a la vez que nos muestra un costado diferente. Para coleccionistas.

Imdb: http://www.imdb.com/title/tt1493027/

jueves, 1 de marzo de 2012

Milagro



El tren bala cruza el territorio japonés a una velocidad de 260 kilómetros por hora. A ese nivel de aceleración, los centros poblados se suceden muy rápidamente, a la vez que resultaría imposible atravesarlos de esa forma por cuestiones de seguridad. La única manera que tienen de circular, es construir rieles elevados, parecidos a las autopistas, o bien canales por debajo del nivel del suelo. De este modo se mantiene el ritmo del viaje y no se pone en riesgo a los bienes y a las personas. Es así que a pocos pasos de una ciudad japonesa, uno puede ver surcar el horizonte a un bólido endemoniado cuya sola presencia consigue acaparar toda la atención disponible.

En Kagoshima, en el sur del Japón, hay un volcán, el Sakurajima, que insiste en mantenerse activo. Los habitantes del lugar, al levantarse, tienen por rutina mirar a la distancia al volcán, y así prepararse para un día con nada, algo o mucho de ceniza por limpiar. Es una molestia cotidiana, pero que ya está incorporada al día a día de las personas, del mismo modo que en otros lugares lo es el viajar apiñado en trenes o lidiar con la posibilidad de tener el camino cerrado por la nieve. En el particular de Kagoshima, la ceniza es utilizada en el estadio de béisbol. Los habitantes de la ciudad, tienen la costumbre al entrar a un lugar de sacudirse la ropa, de manera similar a cuando uno se limpia los pies en un felpudo antes de entrar a una casa los días de lluvia. Pero para los más jóvenes, la caída de ceniza es un incordio, pues los obliga a repasar los muebles, o a barrer los pisos de las casas y las escuelas. Para los más viejos, es una expresión de vida del volcán.



En toda la zona sur del país es muy popular el pastel de Karukan, una preparación hecha con azúcar, harina de arroz y una especie de batata regional, todo cocido al vapor. El resultado es una masa uniforme y elástica, sumamente blanca. Como todo preparado típico, sus consumidores son conocedores y por lo tanto exigentes a la hora de evaluar el estándar de calidad resultante. Otro tanto sucede con el sashimi de carne de caballo. El sashimi es un preparado a base de mariscos o pescados crudos finamente cortados, algo así como el carpaccio occidental. Se sirve con salsas típicas, como la de soja o el picante wasabi. Algunas carnes rojas utilizadas, a veces son algo cocidas, como en el caso de la del pulpo; en el caso puntual de la carne de caballo, la de mejor calidad proviene justamente de la prefectura de Kagoshima.

Hirokazu Kore-eda es uno de los más sutiles directores de cine. Sus películas retratan básicamente sentires de personas, a veces individuales, otras colectivos. También se relatan momentos, pero el peso del conflicto en general descansa en lo que les sucede a los hombres y mujeres que protagonizas sus películas. Son personas que sufren hasta el punto de quitarse la vida, como en Maboroshi, puede ser un niño de doce años que debe hacerse cargo de sus tres hermanos cuando su madre los abandona, como en la excelente Nadie Sabe, o pueden mostrarse como apacibles seres que una vez fallecidos deben elegir que recuerdo llevar a la eternidad, como vimos en la emotiva Después de la vida; nos detalla el encuentro de una familia al cumplirse el aniversario de la muerte de uno de sus miembros, el paso del tiempo y la tremenda humanidad de sus protagonistas en Caminando, y hasta logró hacernos poner en la ¿piel? de una muñeca inflable concebida sólo para el placer, pero que de pronto cobra vida y sale a descubrir el mundo exterior, como en la fascinante Muñeca inflable, una adaptación de un manga de Yoshiie Gōda. Su filmografía se completa con numerosos documentales para la televisión.



En el caso de Milagro, los encargados de ponernos en cuestión son niños. Dos hermanitos de edad escolar viven en ciudades separadas a causa del divorcio de sus padres. El mayor de ellos, Koichi, vive en Kagoshima con su madre y su abuela, conviviendo con la ceniza, los pasteles y el sashimi. El menor vive en Fukuoka, más al norte que su hermano, y está a la guarda de su padre, un rocker tardío que lleva una vida algo hippie. El diálogo entre ambos padres está cortado, no así entre los hermanos que entablan conversaciones telefónicas a menudo. La línea de trenes que unirá ambas ciudades está ya terminada, y hay expectativa en los habitantes. Koichi sabe de una teoría muy difundida, que cuenta que el primer cruce de ambos trenes bala en sentido contrario y a máxima velocidad, liberará una enorme energía, algo así como una estrella fugaz, que por su poder, será capaz hacer cumplir el deseo de quien presencie ese momento. Los dos hermanos deciden iniciar un viaje y encontrarse en el punto aquel en el que ambos trenes van a cruzarse. Junto a un grupo de amigos, cada uno lleva consigo un deseo para pedir en el momento indicado. Comprenderán que los milagros pueden existir o no, pero el hecho más importante es el trayecto que uno hace hacia ellos. Ese es tal vez el mensaje más acabado del filme.



Las películas de Kore-eda son en principio amables con todos los públicos, pero pueden ser profundamente aleccionadoras para muchos otros. Se podría decir que el cine de este director nacido en Tokio en 1962 mejora a las personas. Les da una hermosa borrachera de optimismo y espiritualidad, sin caer en ningún discurso que pueda entenderse como de lágrima fácil o golpe bajo. Nos muestra que podemos ser mejores seres humanos sólo con tener deseos e ilusiones, sin utilizar consignas religiosas ni diegotorristas. Nos señala como es que allí, en la cuna del consumismo y la tecnología voraz, también existen niños llenos de ilusiones y ancianos agradecidos por los bellos últimos momentos que están viviendo.

Siga a este director; si ya lo conoce, repase su filmografía, si sólo vio alguna de sus obras que pudieron exhibirse dentro del circuito comercial, busque aquellas que son más difíciles de seducir a un empresario de cadenas de cine + pochoclo: en todas ellas hay mucho de linda magia para descubrir y buenas caricias para el desasosiego cotidiano.

Imdb: http://www.imdb.com/title/tt1650453/

miércoles, 15 de febrero de 2012

La oruga



La guerra es un hecho exaltador. Las pasiones se elevan al máximo en el momento en el que una nación, ese maleable concepto contenedor del yo colectivo, acude a las armas, ya sea porque es puesta en riesgo, o bien porque se lanza a la conquista. Hemos visto registros documentales que muestran a los más variados pueblos del mundo marchando por las calles entonando consignas y enarbolando banderas, y la pregunta que siempre me surge en esos instantes es: ¿qué gen se dispara en ese momento preciso y pone en acción esa masiva voluntad que parece incontenible? ¿Qué resortes se mueven, cuáles son las pulsiones que se estimulan para que las personas pasen de un estado de quietud a la movilización total? ¿Cómo es ese instante mínimo antes de que ese estallido suceda?

Preguntas que uno se hace, tal vez para tratar de entender cuál es el papel de la razón en medio de tanta pasión desaforada. Esa pasión que quizás una veces fue el motor de las más grandes transformaciones de la historia, y otras, una loca carrera hacia el precipicio. No parece haber lugar en esos momentos para la fría razón; cualquiera que plantease ir en sentido contrario en medio de esa marea quedaría soslayado por el bramar de las mayorías. Hasta pondría en peligro su integridad, en un momento en el que todas las trabas éticas parecen levantarse desinhibidamente.



En 1940 Japón estaba en pleno avance de la llamada Ofensiva de Invierno, en lo que se conoce como la segunda guerra Chino-Japonesa, en el marco de la Segunda Guerra Mundial. Los muertos de ambos bandos se cuentan de a cientos de miles, y los japoneses comienzan a estancarse en su ambición de seguir progresando en el terreno, debido a la heroica resistencia del pueblo chino, que no cesa de reemplazar las bajas en el frente. Este es el marco en que transcurre el filme La oruga, de Kôji Wakamatsu.

Kyuzo es un teniente que vuelve a su casa, tras haber sido herido en la batalla. Allí es recibido por su gente, sus amigos del lugar y su familia. Allí también está Shigeko, su esposa, que cumple con los estrictos códigos de tradición familiar oriental, esto es, una abnegada ama de casa que ante la ausencia de su marido supo encarar en solitario su propio sostén en las tareas del campo. El matrimonio no tiene hijos.

Kyuzo vuelve en un estado lamentable, mutilado su cuerpo por haber perdido todos sus miembros, su rostro parcialmente quemado, y con problemas de audición. Shigeko sufre una crisis de nervios cuando ve en ese torso que gesticula angustiosamente lo que alguna vez fue su compañero.



Los diarios muestran en primera página la foto de Kyuzo, el regreso triunfal del “dios viviente de la guerra”, un soldado cuya audacia salvó la vida de muchos de sus hombres, y le valió varias medallas del emperador. Es vestido con traje militar, y mostrando sus medallas, es paseado ante los vítores del pueblo. Su esposa observa perpleja la admiración que sienten por él sus paisanos, y el respeto que le tienen a ella las demás mujeres, por tener de esposo a un hombre que ha dado todo por la patria. Puertas adentro, Shigeko no la tiene nada fácil, pues debe lidiar con un discapacitado de por vida, que apenas se comunica, y no demora en expresar sus más primarias necesidades. Esta relación que se establece entre ambos esposos es el centro del drama que los tendrá como personajes excluyentes.

Con el transcurrir del rodaje se conocerán detalles de lo que a la vista del resto de la comunidad es una pareja contenida por el amor y la satisfacción del deber cumplido. El día a día aporta otros condimentos particulares para este tipo de relaciones, que no resultan fácilmente apreciables desde afuera. La asimetría que se establece entre ambos tensará los límites de la humanidad contenida en Shigeko, y no tardarán en sucederse situaciones de alto vuelo dramático que generarán incomodidad en el espectador. Es que muchas veces los héroes necesitan para erigirse como tales dejar de lado aspectos que no aportan brillo a su bronce, sino todo lo contrario, confrontan con sus propios principios. Y eso puede ser muy difícil de sostener desde el núcleo más cercano.

El papel de Shigeko es llevado a cabo por la gran actriz japonesa Shinobu Terajima, de extensa carrera y dueña de una ductilidad mayúscula a la hora de llevar a cabo sus papeles. Kyuzo es interpretado por Shima Ohnishi, y no se queda atrás en una interpretación que carece de palabras. El director Kôji Wakamatsu es un veterano del cine japonés, precursor del género pinku-eiga, ese porno soft rosa muy propio de su país, y que nunca deja de impactar al espectador por algún costado. En particular, esta realización vale más la pena por el trabajo de los actores que por el propio guión, que no se extiende más allá en lo dramático, pero brinda un aleccionador mensaje en contra de la guerra, y fundamentalmente, a la locura que genera en los pueblos a los que son llevados.

Imdb: http://www.imdb.com/title/tt1508290/

viernes, 9 de diciembre de 2011

252: Señal de vida



Los amantes del cine catástrofe tendrán su picnic con esta producción japonesa de Nobuo Mizuta, un realizador nipón oriundo de Hiroshima, que comenzó su carrera en el cine componiendo dramas televisivos allá por 1980, e hizo su debut en el cine en el 2006 con Yo y el fantasma.

La historia puede no ser novedosa, aunque siempre es efectiva. Un terremoto de grado 7 sacudió las islas Ogasawara, unos 1000 kilómetros al sur de Japón. Cuando el susto parece pasar, los meteorólogos vuelven al ataque: cambios en composición química y la temperatura del agua configuran un escenario en el cual un tifón de proporciones bíblicas podría azotar la ciudad de Tokio. Como (casi) siempre, las autoridades especulan con las opciones menos probables, y deciden no alertar a una población ya sensible por el reciente temblor. El resto, es de imaginarse: se viene el agua y a correr quien pueda.



Esta es una película de catástrofe que, como tantas otras de su género, tiene su centro en la acción de los bomberos rescatistas y las historias de sus triunfos y sus derrotas. El personaje central es el de Yuji (Hideaki Ito), un ex rescatista que actualmente trabaja de vendedor de autos, pero que no puede evitar desviaciones profesionales de su anterior ocupación, al recomendarle a sus posibles clientes de autos deportivos que manejen con calma, algo así como darle torta de chocolate a un niño y pedirle que no se ensucie. Su jefe le recrimina sus modos y pone en duda su aptitud para el puesto. Por otra parte, en casa, su bella esposa Yumi (Sachiko Sakurai) hace de sufrida madre de la pequeña Shiori (Ayane Omori), que es muda debido a problemas auditivos. Completa el plantel Shizuma (Masaaki Uchino) quien es actualmente rescatista y le debe la vida a su hermano Yuji de la época en que trabajaban juntos como bomberos.

No es un filme de efectos especiales, es más bien una de esas de gente atrapada que pugna por salir, con algunas reminiscencias de aquella Pánico en el túnel del 96, en la que Silvester Stallone se cargaba al grupo que había quedado en el túnel Holland de Nueva York. La diferencia es que en esta producción el dramatismo es por igual en ambos lados de la superficie, y aquí hay en juego relaciones familiares que atender.



Cerca de la primera media hora de proyección ya se podrán apreciar las escenas en las que se desata el desastre, y que son de un caudal dramático de alto impacto. Poco parece haber de efectos especiales en las escenas en la que cientos de personas son barridas por una ola gigantesca que ingresa al subterráneo; más bien uno puede apreciar a personas de carne y hueso que se apelotonan sin prurito al intentar salir. El realismo de estas tomas es espectacular y la producción se luce de lo lindo. El número del título alude a un código del ámbito profesional. Anote: si queda atrapado bajo tierra (en Tokyo) por algún evento y decide esperar por ayuda, no grite, mejor golpee alguna pared 2, luego 5, y finalmente 2 veces, que es el código que indica que hay sobrevivientes esperando por ayuda. Los detectores sonoros de superficie harán que vengan en su auxilio. De hecho esta película se inspira en un suceso real de 2004, cuando tras un derrumbe por un deslizamiento de tierras, un grupo de personas que permanecieron atrapadas 90 horas, pudo ser rescatado gracias a este mecanismo.

Las actuaciones que se ven en el cine japonés de este género pueden parecer impactantes para el espectador poco habituado a la cultura oriental. Y para quienes consumen estas producciones por primera vez, puede que algunos roles lleguen a un extremo de histrionismo tal que seguramente soltarán alguna mueca de burla o, como menos, incredulidad. Habría que hacer tal vez el ejercicio de pensar a la inversa: como sería la reacción de un espectador de una comunidad que (imaginemos) nunca tuvo contacto con el cine de Hollywood. ¿Cómo reaccionaría al ver a un conscripto del Ejército de Los Estados Unidos de Norteamérica responder a pié enjuto y tieso hasta los dientes: “¡Sí Señor!” ante la orden de su superior? ¿Recuerda la burla del personaje de Will Smith en la película Hombres de Negro, cuando hace el test para entrar al grupo de elite, frente a los otros aspirantes que sentenciaban sus premisas de honor y fidelidad a la patria a los gritos? ¿No debería sucedernos lo mismo que al Ajente J cuando estamos ante un personaje similar, pero en un género que no es la comedia? Observe en cualquier film norteamericano cual es la reacción brava y desafiante de un soldado que debe rendirse ante un escuadrón de árabes armados, y compárela con la actitud cobarde y suplicante de un iraquí cuando es atrapado por un grupo de marines.



El cine globalizado nos ha hecho naturalizar algunas reacciones de los actores, al punto tal que muchas de ellas ya han sido incorporadas al acervo cultural propio. No sólo me refiero a aquellas personas que hace tiempo comenzaron a decir “oops” en vez de “epa”, sinó de todas aquellas veces que hemos visto escenas estereotipadas hasta el hartazgo, pero de habituales ya no nos despiertan ningún gesto de asombro. Párrafo aparte merecen las introducciones lingüisticas provenientes de las traducciones latinas, como por ejemplo las que lograron que las señoras paquetas se sientan mucho más relajadas en pedirle al quiosquero un "sorbete" en vez de la incómoda "pajita", sin reparar que aquél tiene un sonido mucho más cercano a lo escatológico que éste a la cochinada sexual.

Si puede vea esta película, y preste atención al dramatismo de cada situación, haciendo la prueba de verse en ese entuerto. Observe los personajes circundantes, las personas que se cruzan, los desconocidos. Deténgase a ver los cuerpos sin vida en posiciones poco elegantes. Permítase ver a un bombero o a un policía llorando ante la tragedia y pregúntese después cúal es el mejor cuadro, sin importar de que marca es la pintura.

Imdb: http://www.imdb.com/title/tt1260932/

miércoles, 10 de agosto de 2011

Casa paranoia



The incite mill (algo así como El recinto incitador o Casa Paranoia) es lo último de Nakata, aquel director japonés que (re)movió o más bien disparó la movida del j-horror o kaidan-eiga en 1998 con El círculo y consolidó en 2002 con Agua turbia. Es interesante ver como el terror cinematográfico, al igual que la carne asada, tiene sus regionalismos. En EEUU el terror en el séptimo arte está personificado por el afuera. En los años de la guerra fría y tras la victoria frente a los nazis, la amenaza era representada por alienígenas desalmados y gigantescos, (en cuanto se popularizó el color, también descubrimos que eran rojos) que venían a atacar a la toda la especie humana, aunque siempre elegían el mismo sitio para aterrizar; no siempre tenían un motivo que justificase su agresión, no entendían ninguna forma de comunicación, y en algunas variantes, hasta llegaban a invadir nuestros cuerpos para cosificarnos en pos de su objetivo. A partir del 11 de septiembre del 2001, el terror puede tener o no forma de persona, y lo único que busca es vulnerar nuestro hogar, a veces sin importar el porque, sino simplemente, para a través del miedo, hacernos sentir su poder. No deje el lector pasar por alto que en estos tiempos de pérdida de identidad republicana venga justo a aparecer el Capitán América, un héroe de historieta que en su versión original, a diferencia de la nueva, no llevaba pistola.

Los franceses y alemanes son más amigos del gore, gustan mostrar como el hacha se clava entre las cejas y la sangre brota como cuando uno achica la punta de la manguera. Y los japoneses sienten que el terror es algo proveniente del interior, y que se manifiesta ya sea poseyendo nuestros cuerpos y/o almas, o bien modificando nuestro comportamiento a fuerza de presionar psicológicamente. También de esta parte del globo son populares las historias de aparecidos o fantasmas, de aquellos que no tuvieron una muerte digna o justa, como una forma de venganza de ultratumba.



Hideo Nakata ha compuesto con maestría la saga del El círculo, que al igual que Agua turbia, fue llevada con hidalguía al cine de Hollywood, adaptando algunos conceptos que si bien edulcoran la claustrofobia del original, hacen del producto final un todo respetable. Sin embargo, este trabajo que arrancó ni bien terminó de filmar Chatroom, su segundo rodaje en inglés, no lo deja demasiado bien parado. Siendo hora ya de buscarle una vuelta de tuerca en oriente al tema del horror, no parece ser un buen camino el escogido por Nakata, más con tanto Hostel y Saw dando vueltas por ahí.

Diez personas son seducidas con una oferta millonaria para pasar una semana encerradas en una casa al estilo Gran Hermano. Al poco tiempo de entrar al lugar, descubren que se trata de un juego mortal entre ellos, fogoneado por la paranoia y la codicia. Ya está, con ustedes, el resúmen más rápido de la historia de Bretel.

Y si, porque desde Agatha Christie hasta los tiempos que corren, parece que lo novedoso en este tipo de filmes pasará más por la forma de morir más que por saber quien es el asesino. Una lástima, cuando ví Nakata no dudé al click, y la verdad, no valió la pena.


Imdb: http://www.imdb.com/title/tt1586753/

sábado, 23 de octubre de 2010

Mis dias lluviosos



A sólo efecto relajante, más como diluyente cerebral que con la intención de entrarle con ánimo crítico, Mis días lluviosos conformó una opción ideal para una tarde cualquiera. Una comedia romántica japonesa de adolescentes, con un alto tinte rosa, de jovencitas compañeras de secundaria, que se juntan después de clase, corretean por los parques, se sacan fotos todas juntas tiradas en el pasto y con los dedos en V; que juguetean constantemente con sus celulares y se visten lindo.

Y sin quererlo, termino por encontrarme con una foto que no conocía pero que en realidad ya había visto. Algún detalle por ahí observado anteriormente en el bretel, con relación al cine japonés, o mejor dicho, a la sociedad que nos muestra el cine de ese país.

Una compañera del curso está siendo acosada un grupo de chicas malas; la víctima se llama Tomoko (Hikaru Yamamoto), es una chica del montón, calza lentes, el pelo recogido y es sumisa. Las chicas buenas, lideradas por Río (Nozomi Sasaki), la defienden, la hacen zafar del trance, y la invitan a sumarse a su grupo. Tomoko está sorprendida, no se explica como “las chicas populares” la están ayudando a ella. “No podemos permitir que las amigas sufran”, le contestan, aumentando el asombro de Tomoko ante el rápido calificativo. Las chicas la invitan a salir con ellas a bailar esa misma noche, y se las ve felices y divertidas. Tomoko ansía llevar ese tren de vida, poder arreglarse como ellas, vestir del mismo modo, pero reconoce que para eso hace falta un dinero que ella no posee. Las amigas le ofrecen enseñarle una forma de conseguir dinero. La noche termina con Tomoko tomando de más y Río llevándola a dormir a su casa.

Para seguir con este tema, no queda otra que revelar algunos detalles de la película, así que si pensaba verla, le sugiero que la sigamos en la próxima. Si el cine rosa adolescente japonés no es lo suyo, continuamos.

El lugar en el que se despierta Tomoko, la casa de Río, es un piso a todo lujo, con vista panorámica y en el centro de la ciudad. Según su dueña, es un “estudio que papá me alquila”. Lo que sigue se ve venir, Tomoko será posteriormente arreglada y acicalada por Río; fuera lentes, se suma maquillaje y un bonito vestido colorado. Para cuando vengan sus amigas ella será una reina. Ahí se enterará la fuente de financiación de toda esa vida: citas pagas. “Nos citamos con dulces papis”, dice Río. Tomoko, claro, duda. “Son cientos de dólares sólo por acostarse”. Tomoko duda un rato más, pero al final accede. Gritos de alegría, música pop arriba y próxima escena en ralenti con las cuatro caminando en hilera por la calle llena de gente.



No voy a abrumar de detalles, pero a modo de apunte agrego: la historia de Río carga con algunos detalles densos para su corta juventud, más tarde se enamorará de un profesor de 35 años. La escena de defensa de la pobre chica en realidad fue un montaje armado para conseguir reclutar a una jovencita más al plantel, y su iniciación en el trabajo se vive poco menos que como un preparativo de una fiesta de quince. Y para el postre queda un tumor incurable en un cerebro y un suicidio.

Lo que sigue de la historia poco viene al caso. A medida que pasaban los minutos, la conclusión fue que efectivamente estaba ante una comedia romántica, una adolescente que se enamora de un hombre del doble de su edad, él está enfermo, ella fue violada de niña, en fin, tal vez se terminen encontrando o no, eso puede ser anecdótico. Lo que impacta es que el trasfondo denso no sobresalga, sino que se disimule, camuflagee en el entorno. Se habla de jovencitas de 17 años, en apariencia bien educadas, sin ningún aspecto de marginales ni carenciadas, que ejercen la prostitución. Que no lo cuentan ni siquiera como una travesura, sino como “una” forma de ganar dinero, y no se ve que lo precisen para mantener a nadie, mas bien se las ve gastarlo en ropas y salidas.

Y todo esto es retrado en un marco de comedia digna de los hermanos Jonás. La música de onda y las escenas en las tiendas de compra licúan cualquier aspecto reprochable que se pueda ver en la historia. Los intertítulos explicativos del inicio son de un guión y una gráfica adecuada para niños de 12 años. Los clientes de las señoritas se retratan como hombres tontos, infantiles e inofensivos. Y toda la culpa que puede generar la película se intenta expiar mostrando como un muchacho que trabaja para las chicas extorsiona a los clientes mostrándoles fotos comprometedoras que les sacó cuando se encontraban en la entrada del hotel.

Todo esto toca de cerca el tema del Lolicon, algo que en Japón pega mucho. Lolicon es lo que podría entenderse como “el complejo de lolita”, fantasías sexuales con adolescentes o púberes en posturas o gestos de contenido erótico o provocativo. El término viene en parte de la novela de Navokov, y en la red se siguen peleando por encontrar una definición cerrada, pero tiene cierta derivación del manga, o dibujo animado japonés, que cuenta con cantidad de imágenes de niñitas ya sea provocativas o bien inocentes, pero casi todas ellas pulposas y con ropas estrechas. En Japón este género es totalmente legal, se pueden encontrar libros de arte y de fotografías de niñas desde 8 a 16 años posando con bikinis o disfraces de sus ídolos. Mientras que la menor no salga desnuda, la realización, publicación y distribución de estas revistas y sesiones fotográficas es totalmente legal.

Desde el poster de la película hasta la actriz principal, que a los 27 encarnó a una adolescente de 17, aparece un mensaje confuso y edulcorado de un tema más bien espeso. En ningún momento se juzga el accionar de las chicas; hasta casi se podría decir que desde el formato de video clip que lo encuadra, se lo motoriza. Y cuando se viaja por la red en busqueda de repercusiones de esta película, se encuentra en la mayoría de los casos, la crítica al melodrama, y nada acerca de la espesura del entorno.

Imdb: http://www.imdb.es/title/tt1538401/

domingo, 4 de julio de 2010

Departures (El que envía)



No me gusta abusar de los paréntesis, dificultan la lectura y se los utiliza con cierto tono sobre-explicativo, a veces soslayadamente pretencioso. Pero el título de esta película japonesa que ha sido traducido de las más variadas formas en función de hacer la distribución más eficiente, en verdad requiere cierta aclaración. Un poco de idioma japonés, a ver.

El título original en japonés es Okuribito. Okuru significa enviar, Hito es persona, gente. En la lengua nipona, la conjunción de estas dos palabras describe a la persona que envía, o bien despide.

Se cuenta la historia de Daigo (Masahiro Motoki), un joven chelista que tras algún esfuerzo puede comprarse un instrumento acorde como para ingresar a una orquesta y por fin hacer realidad su sueño de trabajar de músico. El sueño dura poco, ya que la orquesta se deshace al poco tiempo, y no sólo queda sin trabajo, sino también con la deuda pendiente del caro instrumento. Junto con su mujer Mika (la bella Ryoko Hirosue), intentan rehacer su vida yéndose de Tokio a Yamagata, su pequeña ciudad natal en el norte de Japón, dónde Daigo cuenta con la casa que heredó de su madre.

En Yamagata, Daigo encuentra trabajo en una empresa funeraria que practica el nôkan, una ceremonia que consiste en preparar el cuerpo del difunto para emprender su último viaje. Sin haber tenido jamás el más mínimo trato con cadáveres, Daigo aprenderá a acicalar fallecidos detallada y ciudadosamente: limpiará el cuerpo, afeitará a los hombres y maquillará a las mujeres, peinará sus cabellos, les pondrá la mejor ropa y decorará el cuerpo dentro del féretro con flores o recuerdos de su vida material, todo esto delante de los deudos, que observan compungidos un ritual que exige el mayor de los respetos y el más compenetrado de los pudores.





Tal vez lo más cuidado del film sean las relaciones que se establecen entre los protagonistas, compuestos por la pareja antes mencionada, el dueño de la empresa funeraria y la secretaria. Hay una mesurada dosis de humor, ineludiblemente de color negro, que ayuda a sobrellevar algunos párrafos del film, que si bien cae en identificables golpes de efecto, jamás pierde la compostura ni el aspecto artístico. La fotografía y la música son partenaires de lujo en un relato que contiene numerosas escenas en las que interviene Daigo embelleciendo personas fallecidas.

Esta película también puede servir de muestra para quienes sientan una marcada curiosidad por la sociedad japonesa, ya que enseña en un mismo relato un aspecto muy difundido del arquetipo japonés, el ceremonioso, circunspecto, respetuoso de sus mayores y sus ritos, como así también las realidades afectivas más comunes que pueden encontrarse en las sociedades actuales: personas solas, maridos que dejan a sus esposas, madres que abandonan a sus hijos, etcétera. De algo de eso también se habla acá

Alguno estará tentado de comparar esta película con After Life, el trabajo de Hirokazu Koreeda de 1998. Quizás no sea justo: el film de Koreeda es una completa metáfora acerca del intersticio entre la vida y la muerte, y quienes lo administran; en Okuribito hay poco de eso, es una película más terrenal, sucede en ciudades y muestra las vidas circundantes. El contenido artístico y poético de After Life es tal vez inigualable en ese sentido, pero para hablar de Koreeda mejor pensar en un tópico dedicado.

No se ponga mal si se emociona con esta película; por otra parte, no está hecha sólamente que para eso. Tiene muchos otros elementos que quizás le den una mano como para sobrellevar algún que otro momento inevitable del futuro.

Imdb: http://www.imdb.com/title/tt1069238/

jueves, 1 de julio de 2010

Undo



Undo es el título original de esta película de apenas 47 minutos, dirigida y escrita por Shunji Iwai en 1994. Trata sobre una joven pareja japonesa, Yukio (él) y Moemi (ella), que viven en un pequeño apartamento, en el cual no están permitidas las mascotas. Moemi ama los perros, y Yukio intenta mitigar la angustia de su pareja regalándole un par de tortugas.

Moemi es una cándida jovencita, algo aniñada, que (obviamente) no parece sentirse demasiado complacida con los reptiles. Yukio le pone todo el empeño a la situación, le muestra como pueden sacar a pasear a los animalitos por la calle, y trata de despertar algún entusiasmo en su pareja. Moemi empieza a juguetear con las tortugas, haciéndolas nadar en el lavatorio del baño mientras se cepilla ciudadosamente los dientes, y poniendo mucho esmero en la limpieza de los aparatos de ortodoncia que porta. Sin demasiados sobresaltos, la vida para ellos continúa.

La siguiente escena muestra a la pareja besándose con detenimiento, experimentando la sensación nueva tras haber sidos removidos por fin los aparatos de la boca de Moemi. Es Yukio quien ahora demuestra cierta desazón: extraña el sabor metálico que antes acompañaba cada beso, y las consecuencias de la experiencia resultan devastadoras para Moemi.

A partir de ese momento, se produce un quiebre en la aparente normalidad de la pareja: Moemi comienza a juguetear con hilos y cuerdas, primero de su tejido, luego de su hilo dental, y finalmente completa su obra dándoles varias vueltas de soga a cada una de las tortugas, que se deslizan confundidas e impotentes por el piso. Cuando Yukio descubre extrañado a los animales en ese estado, comienza a observar en su pareja un brusco cambio de comportamiento, disparado repentinamente a una compulsiva manía de atar todo: las manzanas, los libros, y hasta sus propias manos mientras teje. Tras varios intentos de reflexionar con ella al respecto, deciden consulta a un psiquiatra que le diagnostica "síndrome obsesivo anudador", una puntual manifestación del "mal de amor".





Shunji Iwai es un experto en fotografiar pequeños detalles y construir con ellos un relato robusto, como así también un relator de culto de los pesares de la adolescencia de su país. Su intensa filmografía a pesar de su juventud, muestran elevadas piezas de colección que no deben ser pasadas por alto: Hana y Alice (2004) , bellísima pintura de dos jovencitas enamoradas del mismo muchacho; el tierno relato romántico Historia de abril (1998) ; la excelente Mariposa swalontail (1996) , una impactante historia que incluye un barrio de trabajadores, un grupo de músicos jóvenes que intenta abrirse paso, yakuzas, prostitutas y mucho más; Picnic (1996) , la historia de un par de enfermos mentales que escapan de la institución en la que están internados y deciden hacer su día de campo. Sin duda, la que más éxitos le acarreó fue All About Lily Chou-Chou (2001) , una historia sobre una adolescente introvertida que es adoradora de una cantante pop llamada Lily Chou-Chou, para la cual abre un sitio de fans en internet y manifiesta a traves de la red las emociones que no puede exhalar en directo. Tan exitosa la película como la banda sonora.

Undo no es, tal vez, lo más logrado de Iwai. Lo más destacable quizás sea el conflicto que se plantea en una pareja cuando uno de los integrantes detecta que el otro empieza a estar fuera de sus cabales; la negación primaria, la dificultad para abordar el problema en dúo, y la decisión final de cómo resolverlo. Como en casi todos sus trabajos, el realizador japonés no desvanece los finales; por el contrario, gusta completarlos con un certero golpe de platillo.

Imdb: http://www.imdb.com/title/tt0111555/

lunes, 26 de abril de 2010

La torre de Tokyo




La impactante Tokyo muestra su torre monumental, construída en 1958, casi a imagen y semejanza de la Torre Eiffel, pero (ya que estamos) con 8,6 metros más de altura. Es una de las atracciones turísticas más visitadas de la ciudad, y sirve como punto de conexión argumental a la película. A diferencia de lo que sucede en París y las películas que se filman en la capital francesa, donde la estructura metálica es casi omnipresente, son pocos los filmes japoneses que muestran la torre, tal vez por lo apretada de la arquitectura nipona, cuyo apretuje hace algunas veces difícil divisar el horizonte.

Se trata de dos amigos compañeros de estudio que también comparten su afición por las mujeres casadas. Ambos tienen relaciones con maduras esposas, con quienes tienen sus furtivos y secretos encuentros. Uno de los muchachos, Koji, tiene un carácter mucho más aventurero: sale con varias mujeres al mismo tiempo y le cuesta formalizar con alguna de ellas. El otro, Toru, es tal vez más romántico, y tiende a caer más fácilmente en las redes que una mujer con experiencia puede tejer en base a encantos, seducción y posición dominante. Ella es Shifumi, y su marido, poderoso y adinerado. Perverso detalle del destino, Toru conoció a y Shifumi en la fiesta de cumpleaños que ella dió en su casa, y en la que invitó a sus amigas, entre las cuales se encontraba la madre de Toru…





Koji conoció a Kimiko en una situación más accidentada, cuándo él trabajaba de guarda en un garage y tuvo que ayudarla a estacionar su auto. Kimiko es más insegura, una mujer de clase media y más atada a la rígida cultura japonesa, que reduce los espacios de las hembras a los quehaceres de la casa. Mujeres que están solas gran parte del día, ya que sus maridos salen tarde de sus trabajos y muchas veces la siguen de copas en algún tugurio. Aburridas y las más de las veces frustadas, estas situaciones nutren el caldo en el que, como condimento, aparece el férreo código de conducta de la moral japonesa. Y allí parece encontrarse una buena lente para entender la mirada de la a veces retorcida cultura sexual oriental y sus interesantes variantes: tal vez tras generaciones de hervor, estas constituyan un escape de vapor que permita mantener la presión de la olla estable.

La película contiene los vaivenes propios de este tipo de historias, y es muy agradable a la vista, a medio camino de la propuesta contemplativa clásica de oriente y el vertiginoso ritmo de Hollywood. Se destaca quien encarna el papel de Kimiko, Shinobu Terajima, quien dio brillo a las excelentes Vibrador y Sólo son habladurías, ver aquí, y la belleza de Hitomi Kuroki, quien le puso el cuerpo de la desolada madre en Agua Turbia (Hideo Nakata, 2002)

Glosario, para todas aquellas personas que, cuando uno nombra a una película por su título en español, rápidamente lo corrigen y dicen su título original en inglés, sintiéndose así más importantes.

Vibrador = Vibrator
Sólo son habladurías = It’s only talk
Agua turbia = Dark Water.

Imdb: http://www.imdb.com/title/tt0475760/

miércoles, 25 de marzo de 2009

Caminando



Cada año, la familia se reúne para conmemorar ceremoniosamente un nuevo aniversario de la muerte de Jumpei, uno de los tres hijos del matrimonio, quien se ahogó al salvar a un niño que había caído al agua. Este año en particular, se cumplen quince años de la tragedia, y la familia se apresta a pasar un fin de semana en comunión, como una manera de mitigar el dolor, y también como una forma de encuentro, ya que los ya ancianos padres viven en una localidad un tanto alejada de los centros urbanos en donde se encuentran los hijos con sus respectivas familias.

Kyohei (el padre) y Toshiko (la madre) viven con entereza a pesar del duro golpe de perder un hijo, y sobrellevan con dignidad los achaques de la edad. Kyohei es un médico, y supo tener una clínica de cierto nombre en su ciudad, pero dos motivos importantes impiden la continuidad de su trabajo: su deteriorado estado de salud, y la no continuidad en sus hijos de la profesión. Sin embargo, en el frente de su casa aún se conserva el cartel con el nombre de la clínica, y siempre llama algún vecino enfermo al que el anciano acude a atender, a pie y con la ayuda de su bastón.

Toshiko constituye la típica madre japonesa que vive para su marido y sus hijos. Sabe que este fin de semana llegan a su casa, y está sumamente atareada preparando más y más comida. Le reclama a sus hijos que la llaman poco, que cuándo le darán más nietos, que se cuiden la salud... todas esas manifestaciones de cariño que trascienden la geografía y las culturas.

Los dos hijos del matrimonio tienen formas de vida diferentes. Chinami está casada con un vendedor de autos, tiene niños, según su madre todavía no aprendió a cocinar a pesar de haberla visto hacer el mismo plato durante años, y tiene como proyecto mudarse a la casa de sus padres, especulando con utilizar el espacio que los años van dejando libre. Su marido aparece como un adulto poco incorporado a la cultura familiar, manejándose al borde de las situaciones que se presentan.

Ryoto es el otro hijo varón, es restaurador de obras de arte y vive con Yukari, una mujer viuda, madre de un pequeño niño. Los tres viajan a la casa de los padres, y en el trayecto de ida vacilan de quedarse todo el fin de semana o pasar sólo un día con ellos. Es que Ryoto duda de la recepción que sus padres harán a Yukari y su pequeño Atsushi, como también de la comodidad que puedan sentir durante el tiempo que les toque pasar juntos.





El film mostrará el fin de semana de reunión familiar. En el transcurrir del mismo, veremos el profundo entrecruzamiento de sentimientos de cada uno de ellos, en medio de encontrados momentos de reclamo y dolor. Y es que los padres no parecen perdonar a Ryoto que no haya seguido la carrera médica, y de ese modo sentencie el fin de la profesión familiar; mucho peor aún, él siente que nunca podrá competir con el fantasma de su hermano muerto, que sobrevuela el ambiente familiar con el vuelo errática pero insistente de una mariposa.

Koreeda entiende de estos temas sensibles, y ya demostró repetidamente su enorme capacidad para infiltrarse en las fibras humanas más íntimas, dejando ver aquello en lo que nos resulta casi ineludible no sentirnos identificados, más allá de lo remoto que puedan parecer las distancias y las costumbres. Nos golpeó con la más dura realidad en Nadie sabe (Dare mo shiranai), nos dejó perplejos con Distance, y logró emocionar al más incrédulo e indiferente con la bellísima poesía de Después de la vida (Wandâfuru raifu), una verdadera obra de arte. También deja ver la particular relación que tienen los japoneses con la muerte, sus ritos, sus costumbres, las formas de comprender y asimilar el dolor, y también de entenderla como parte inseparable de la vida.

Un director que no parece regirse por patrones de mercado, sino de paleta, un artista sumamente joven, heredero de lo mejor del cine japonés de Kurosawa y Kawashima, y promesa vigente del cine oriental. A verla como sea.

Imdb: http://www.imdb.com/title/tt1087578/

sábado, 30 de agosto de 2008

Ryuichi Hiroki, el hombre que conoce a las mujeres



Ryuichi Hiroki es un director japonés nacido en 1955, y parece que de lo que más sabe es acerca de las mujeres. O al menos, del alma femenina, su cuerpo y sus sentires, como lo refleja en sus películas.

Hiroki proviene del pinku-eiga, que es la denominación que en Japón recibe el porno soft, o películas rosas. Este en un género muy popular en el imperio, y a diferencia de lo que sucede en occidente, haber pasado por allí no significa ningún descrédito, que lo digan Takashi Miike o Kiyoshi Kurosawa, entre otros. En una entrevista, el mismo Hiroki comenta que por aquellos años 70, trabajar en este tipo de cine era una forma de entrar en el circuito, como también lo eran las películas de yakuzas. Encima, la vorágine de este tipo de mercado exige la producción de películas en cantidad y con poco tiempo de realización, con lo cual, resultó ser una formación por demás interesante a la hora de manejar presupuestos y tiempos acotados. El director le tiene un cariño especial a este género, y no descarta volver a él en el futuro.

Hiroki cierra esta etapa allí por los 90, y en el año 2000 realiza “I Am an S+M Writer” (Soy un escritor Sado Masoquista - Futei no kisetsu), de alguna forma tendiendo un puente a lo que sería su nuevo estilo cinematográfico. Este film, lleno de toques satíricos y de humor, cuenta la historia de un escritor que para obtener inspiración, le pide a su asistente que tenga relaciones sexuales con modelos contratadas, a las cuales ata con sogas y cuelga de arneses, todo esto en la propia casa del escritor y bajo la mirada asombrada de la esposa. Hiroki cuenta que buscó realizar una película del estilo pinku-eiga, pero que se pueda mostrar en salas comunes y corrientes.



“Las mujeres son más interesantes que los hombres, son más fuertes y capaces, más divertidas y sensibles”, dice Hiroki, y en busca de una mujer compleja llega a “Tokyo Garbage Girl” (La chica de la basura de Tokyo - Tokyo gomi onna). Miyuki es una camarera sumamente tímida que está enamorada en secreto de su vecino Yoshinori, un joven que trata de despegar como músico de rock. La mujer aprovecha la oscuridad de la noche para hurguetear en la basura de Yoshinori y rearmar en su casa una forma de cuadro de situación de su amado en función las cosas que deshecha. El voyeurismo, la compulsión que azota a Miyuki y la confrontación a la que verá sometida cuando su vecino la descubra, son imágenes que Hiroki construye magistralmente.

El éxito internacional llega en 2003 con Vibrator (Vibrador - Vibrator). Está basada en una novela escrita por Mari Akasaka, y se trata de las experiencias de Rei, y su encuentro casual con un chofer de camiones de larga distancia. Rei es una mujer solitaria, que padece bulimia y anorexia, y busca combatir su soledad con el alcohol. Rei habla sola, o se habla a sí misma, y todos estos diálogos aparecen en la pantalla como carteles de cine mudo. “La inscripción de la palabra sobre la pantalla aparece en toda la obra de Godard, claro”, subraya Hiroki con nobleza. El vibrador al que hace referencia el título no tiene ninguna connotación sexual, sino que es la alarma que Rei ha elegido para su teléfono celular, que suena eventualmente bien cerca de su corazón, a modo de marcapasos.



Vibrator fue un éxito en Japón y gracias a la difusión aportada por diversos festivales, proyectó a Hiroki a nivel internacional. La actriz protagónica del film,la brillante Shinobu Terajima, y el el propio director se alzaron con cuanto premio hubo en danza por oriente. La imagen de la mujer japonesa que mostraba la cinta fue criticada por cierto sector pacato de la sociedad nipona. Hiroki se defiende: “Es verdad que la forma en que la protagonista toma la iniciativa sexual es bastante subversiva en relación con el modelo tradicional de mujer japonesa. Y ni qué decir de su alcoholismo. Pero el público la aceptó bien, y las mujeres se sintieron tan representadas que el protagonista llegó a convertirse en una especie de sex symbol.”

En 2004 vuelve con L`Amant, (El amante - L´amant), una historia acerca de una una colegiala que acepta un contrato para ser amante de tres hombres adultos a lo largo de un año. Esta vez se trata de un manga de Naito Yamada, y como era de esperarse, la crítica volvió a cargar contra Hiroki. “No es que todas las colegialas de mi país tengan hoy en día una conducta sexual tan extrema. Pero lo cierto es que, por suerte, están lo suficientemente modernizadas como para hacer lo que quieren y cuando quieren, sin demasiados prejuicios”, descargó el director.



It's Only Talk (Sólo son habladurías, Yawarakai seikatsu nos encuentra en 2005, relatando la historia de Yuko, una mujer en sus treinta padeciendo una severa depresión. Interpretada una vez más de manera magistral por Terajima, Yuko aparece soltera, con profundos sentimientos de aislamiento y orfandad, vive con una economía muy al día, y trata de paliar su soledad contactándose con personas por la internet. Una superpoblada ciudad asiática será el marco de este melodrama sobre relaciones humanas de alto impacto, en donde Hiroki vuelve a mostrar su particular ojo para retratar la sensibilidad femenina. Ganadora de la octava edición del Festival de Cine Asiático de Barcelona, “It’s Only Talk” pudo soportar el enorme peso de su anterior Vibrator, y afrontar con aire las críticas.

En 2005 formó parte del compilado Female (Femenino - Fîmeiru) en el que aportó su corto Taiyô no mieru basho made (Conduzca hasta que vea el sol). En este trabajo se cuentan historias sobre mujeres realizadas por directores japoneses, y como no podía de otra forma, Hiroki estuvo allí presente.

Quien tenga posibilidad de acercarse a este excelente realizador no volverá a mirar a una mujer de la misma forma. Hiroki es capaz de hacer de que los hombres comprendan más de los silencios femeninos, de sus miradas y cavilaciones, de sus incomodidades y de sus momentos de duda. Y las mujeres estarán más que agradecidas de sentirse al menos un poco más en compañía.