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sábado, 11 de enero de 2014

El puente - 2da Temporada



El puente es una serie coproducida por las televisiones estatales de Suecia y Dinamarca. Su emisión de los domingos a las 21 hizo trepar a picos de 42 puntos de audiencia en pantalla en Dinamarca, y fue vista por más de 900.000 personas en la región. Con dos años de diferencia, se emitieron dos temporadas de diez capítulos entre octubre y noviembre de 2011 y 2013.

El comentario de la primera temporada se fue tratado en una entrada anterior, aquí en nuestro blog. Recién acabada la segunda, vamos a por ella.

Con marcados elementos de imagen y diseño escandinavo, esta segunda etapa retoma los hilos del final de la anterior. Un nuevo hecho policial que involucra a las dos orillas reanuda la colaboración de ambas policías, y es entonces que Saga y Martin vuelven a encontrarse.

Un año ha pasado desde la última vez que ellos dejaron de verse, y (con permiso) vaya que ha corrido agua bajo el puente. Martin se recupera de la pérdida de su hijo en manos de un asesino impiadoso, y su vida de relación está hecha pedazos. Continúa trabajando para la policía, y al amparo de su jefa logró escapar de la gestión callejera para ocuparse de tareas de coordinación con las demás agencias europeas. Saga vive con su novio, con las salvedades que la compresión del término signifiquen para uno y otro: él es un hombre dedicado al negocio del comic, que se muestra atento y tierno con ella, quien a su vez, sólo se muestra apasionada cuando tiene sexo de casi manera fisiológica.



En esta segunda entrega, los actores mantienen de manera algo despareja los rasgos de la temporada anterior. Martin se deja ver golpeado por tragedia. Hay un gesto dramático que el actor Kim Bodnia lleva adelante con buen despliegue, a la vez que se muestra como un policía algo tosco y directo, para lo que el estándar protocolar danés pudiera preverse. El personaje de Saga compuesto por Sofia Helin es en principio simpático, pero con el correr de los capítulos se vuelve algo forzado, y hasta a veces, poco creíble. Existe en internet un divertido debate acerca de si ella padece el Síndrome de Asperger, una especie de autismo de alto funcionamiento, con importantes dificultades para interactuar socialmente, expresar sentimientos, y manejarse con sutileza, acompañado a la vez por un nivel de inteligencia por encima del promedio. Nada de eso se dice en la serie, pero es claro que los guionistas hicieron su asado con este rumor, y llevaron hasta un extremo poco razonable el desempeño de la actriz.

Al igual que en la temporada anterior, la acción se desarrolla en la zona fronteriza entre Malmö y Copehague, y los actores hablan cada uno en su lengua nativa. Se sabe que estos lugares, la convivencia entre orillas ha acercado las sutiles diferencias idiomáticas de los dos países, aunque en la serie estas barreras se muestran algo más permeables que en la realidad. Dispersos son los momentos en los que los actores se corrigen mutuamente alguna pronunciación defectuosa. Detalle sólo detectable por fanáticos o lugareños.

Ya habíamos adelantado al final de la entrada de Bretel sobre la primera temporada que se venía una versión yanqui en la zona de El Paso y Ciudad Juárez. Claro, una cosa es una frontera entre Suecia y Dinamarca, y otra muy distinta es entre Estados Unidos y México (¿no se les ocurrió hacerla en la frontera norte, con Canadá, o es que allí los crímenes no tienen el punch cotidiano necesario como para encarar una serie televisiva?) La temporada 1 de The Bridge terminó en octubre del 2013, y ya arrancó la segunda. Lo que comenzó ni bien se estrenó la serie, fue la polémica en toda la zona de influencia mejicana. El medio local de Ciudad Juárez, en su nota de julio de 2013 titula: “Ofende la serie The Bridge a Ciudad Juárez” . En la misma, el alcalde local Héctor Murguía Lardizábal sostiene: “Hoy tenemos que ser muy claros que lo que afecta a Juárez, nos afecta a nosotros, a los que no tienen nada, por ello no se puede permitir que programas como estos o que personas que están llenos de comodidades y son insensibles a los problemas de los demás critiquen a la ciudad sin bases ni fundamentos.” También advirtió que“podría interceder ante las autoridades diplomáticas de México para protestar en contra de la nueva serie de la cadena Fox”. Más aquí y aquí.



Hay varios estudios que intentan explicar las supuestas altas tasas de suicidios en los países que ostentan el mejor nivel de vida global. También existen numerosos trabajos de científicos sociales que sostienen que el frío extremo y la poca luz en invierno inducen a las personas a quitarse la vida. Sin embargo, países con climas sumamente diversos como Finlandia, Uruguay y Bután aparecen juntos en el ranking de muertes auto infligidas, separados por algunos dígitos decimales. En un estudio particular de los Estados Unidos, Hawaii ocupa el segundo lugar en términos de satisfacción de vida, y el quinto en cantidad de suicidios; Nueva Jersey está en el puesto 47 de ambas métricas.

En el caso nórdico en puntual, una explicación interesante podría ser algo así como que “una persona infeliz rodeada de personas felices se siente aún peor”. Mal de muchos, se dice en el barrio. La realidad es que si se estudian en detalle estadísticas serias, se ve que la situación en la Escandinavia toda no es la más grave, e incluso la tendencia de suicidios ha ido disminuyendo con el correr de las décadas.

¿De dónde viene entonces esta creencia de que en Suecia la-gente-se-suicida?

Algunos atribuyen la instalación de esta idea a una nota que en 1960 publicó el diario New York Times, con datos tomados a partir de 1957, acerca del suicidio en el mundo. En aquel entonces, pocos países tenían estadísticas confiables que mostrar, salvo algunos pocos, como Suecia, que quedó sexta en el ranking, tras Japón, Austria, Dinamarca, Finlandia y Suiza.

La nota tiene una cronología casi paralela con el discurso del entonces presidente norteamericano Dwight D. Eisenhower, quien vinculó el incremento de los suicidios en Suecia con… el socialismo. En esa oportunidad, el mandatario mencionó como “experimento” al “casi completo paternalismo del sistema socialista sueco, que fue el responsable de la mayor tasa de suicidios durante la década de 1950”. Como explica la Dra. Julie Olander en su trabajo “El descenso del suicidio en Suecia: 1950-2000” “la expresión de Eisenhower es más una declaración política del líder militar de la II Guerra Mundial que un razonable análisis de las causas del suicidio.”

Se supone que todo esto alcanzó para construir el concepto generalizado de que allí la gente se quita la vida si descubre que se quedó sin aceite un domingo por la noche. Ahora ya se puede conectar rápidamente Suecia y suicidio. Haga la prueba, busque en la internet, y se podrán leer comentarios del tipo: “…como se sabe, un país con una alta tasa de suicidios…”. Algo similar sucederá si la búsqueda es “Francia perfumes ducha” o “Tailandia turismo sexual”

Como sea, si se consume con mediana frecuencia series o filmes del género policial escandinavo, el suicidio como componente del guión aparece, del mismo modo que es infrecuente toparse con relatos en los que se presente el crimen de bandas o la convivencia entre la policía y el narcotráfico. Cada región gusta de mostrar lo que le sucede o lo que le conviene, aunque algunas veces (de algo se habló aquí) el mensaje resulte confuso o contradictorio.



Así como los pulloveres de Sarah Lund en la excelente Forbrydelssen, aquí el Porsche 911 de Saga constituye un fetiche que impulsa el debate entre los seguidores y detractores de la protagonista. También su forma de atender el teléfono ("Saga Norén, Länskrim Malmö") es furor en internet y popular sonido de celular. No es de extrañarse que tras el rotundo suceso que tuvo la serie danesa (que ya va por su tercera temporada), los productores hayan visto luz y pensaron en otra señorita policía con problemas en su vida privada. Tal vez el desacierto fue pensar demasiado en cómo lograr un producto vendible fronteras afuera. Aquel sutil dejo noir al que nos tienen acostumbrados los policiales nórdicos ha sido dejado de lado, a la vez que la complejidad de la trama pareciera haber pasado por un tamiz para hacerlo más asequible al gran público globalizado.

La cuestión a dirimir es si habrá o no una tercera entrega. Habrá que esperar hasta 2015.



Televisión estatal danesa: http://www.dr.dk/dr1/broen/
Televisión estatal sueca: http://www.svt.se/bron/

viernes, 14 de junio de 2013

Buscando a Sugar Man




El director sueco Malik Bendjelloul dirigió en 2012 este documental que le valió varios premios, entre ellos el Óscar norteamericano en el rubro documental largo y galardones en los Festivales de Moscú y Sundance. Cuenta la historia del cantautor norteamericano de ascendencia mejicana Sixto Rodríguez, que a principios de los años 70 grabó dos discos que tuvieron escasa o nula repercusión en su país. Por algún que otro motivo del azar, sus trabajos llegaron a Sudáfrica, donde no sólo se hicieron muy populares, sino que además influenciaron a muchos músicos jóvenes de ese país. Sus canciones también acompañaron a la juventud durante las grandes jornadas de protesta contra la segregación racial en ese país, gobernado por un régimen que imprimía duras censuras y persecución política a la población. Rodríguez es oriundo de la ciudad de Detroit, cuna de la industria automotriz norteamericana, merecedora de una clase trabajadora que conoce el áspero rigor de una recesión que comenzó justamente allí por los 70, a raíz de las crisis del petróleo y la competencia automotriz japonesa. Sus letras no son exactamente pinturas pasatistas, sino retratos de una época dura. No es de extrañar que hayan calado hondo en el corazón de la protesta sudafricana.



Estamos posiblemente ante una de las producciones más emotivas de los últimos tiempos, básicamente porque no se trata de una película más “basada en hechos reales”, sino de un producto de género documental guionado de manera impecable. Por como está planteada desde el principio, la historia es ya poseedora de un caudal fantástico propio. Y es que el relato, por imparcial o apasionado, no puede evitar que la figura de Rodríguez se torne, como poco, intrigante, idílica; inevitablemente romántica. Pero con el correr de los minutos, esta dosis mínima de fantasía comienza su efecto en cascada, y la genialidad del guión loga expandir su potencial para dar paso al mito. Nada es más venerado que aquello que vuelve de sus propias cenizas.



La tan común figura del artista que se deja ver en los medios de comunicación, a través de entrevistas, o bien en filmes biográficos o de ficción, nos muestra personas que de tener la mirada tan afilada en su arte, carecen de capacidad crítica para evaluar la vida corriente de una forma traducible a los ojos del resto de los mortales. A muchos de ellos incluso le es casi imposible arrancarles una opinión concreta de algo, se sospecha que por incapacidad de expresión trivial o por un alto nivel de evasiva para insertarse en la vida real.

Para que el artista pueda contactarse con su pueblo, debe involucrarse en su cotidiano, consumir su comida y moverse en su barro. Esto no exime ni obliga: la mirada sensible no es patrimonio de pocos, y muchos son capaces de retratar al otro casi sin acercarse, o incluso siendo bien distinto. Pero el artista que no es como su pueblo, sino que es parte de él, cuenta con un adicional difícil de adquirir en una academia, o a través de una campaña de prensa discográfica. El verso no necesariamente crea obligaciones, pero establece cotas mínimas de las cuales no es posible bajar, al menos sin consecuencias.



Algo en la obra de Rodríguez pone al autor en sincronía con el suceso, y es la impactante consecución entre lo sugerido por el artista y lo realizado por el hombre. Un hombre que logra expresarse y plasma sus ideas en una obra artística, y posteriormente no tiene otra cosa con que defenderla que con su vida misma, puede no ser un constructor de castillos, pero tiene un valor simbólico demoledor, principalmente porque allí existe un aval para demostrar que el verso no fue presa de la métrica. Insisto, decenas de poetas y artistas han sabido elevarnos con sus creaciones, la mayoría producto de la pura imaginación, es decir actuaciones, inventos, mentiras mismas como aquellas que dicen: “Yo te conocí en un verano...”, “Mi amada de Hong-Kong…”, etc. Y el que recibe la fantasía lo sabe, claro, pero también quiere creerlo, le gusta pensar que eso ha sucedido de ese modo que se le cuenta, y es porque así es como funciona el arte. Lo mismo sucede con el cine. Todos sabemos que el relato es ficción y que el artista no es el personaje. Pero si estuviéramos todo el tiempo pensando en que la película se filma de a tramos de no más de algunos minutos, o que los técnicos y asistentes multiplican por varios a los que aparecen en escena, sería imposible emocionarse con Gatica o asustarse con Alien, por citar algún ejemplo. El contrato no funcionaría, la famosa magia del cine que tanto se menciona se quedaría sin trucos.

Buscando a Sugar Man es una película excelente, porque cuenta de manera impecable la historia de un artista que no hizo ni más ni menos que poner su vida en algunos discos, y luego la dejó allí, en un estado de suspensión temporaria, y casi permanente. Quien quiera revivirla, deberá afrontar los riesgos de poner cara a cara al monstruo con su creador y ver cómo reacciona después de estar tanto tiempo durmiendo en la perfección que los años le otorgan a los recuerdos.


Imdb: http://www.imdb.com/title/tt2125608/

viernes, 11 de enero de 2013

El puente



La miniserie El puente es una realización co-producida entre la DR, radio y televisión pública danesa y la STV, la televisión pública sueca. Se filmaron diez capítulos de una hora de duración, que salieron al aire durante el período septiembre-octubre de 2011 y que constituyen una primera temporada. Se anuncia una segunda temporada que podrá emitirse en 2013.

La historia comienza con un hecho inédito: el puente de Ørensud sufre un apagón durante unos instantes. Los controladores se inquietan durante es breve suceso, y posteriormente, al restablecerse el suministro, aparece un cuerpo sobre el asfalto, a la altura de la mitad del trayecto.

El puente de Ørensud conecta desde el año 2000 las ciudades de Copenhage en Dinamarca y Malmö en Suecia. Es una maravilla colgante que parte desde Suecia por sobre el mar, y a mitad de recorrido conecta con un tramo subterráneo a través de una isla artificial. El complejo en total tiene cerca de 8 kilómetros, y es la combinación vial-ferroviaria más larga de Europa.

Allí, a mitad del puente, donde se halla la línea fronteriza entre ambos países, aparece el cuerpo tras el corte en la iluminación. Mitad del cuerpo a cada país, y allí llegan ambas policías para hacerse cargo del caso. Del lado sueco, Saga Norén (Sofia Helin), la imperturbable investigadora incapaz de apartarse por un instante de sus procedimientos y reglas. Del lado danés, Martin Rohde (Kim Bodnia), algo más terrenal, falaz y condescendiente que su colega.



Estos rasgos distintivos entre los personajes se forzarán hasta cierto extremo a lo largo de la serie, quizás como un relato paralelo que aporte alguna sonrisa y afloje la tensión de algunos pasajes. En realidad, no es más que un cliché utilizado como recurso de guión, y que blanquea como a través del saber popular se ven unos a otros ambos países escandinavos: los suecos con su corrección y protocolo a ultranza, y los daneses, afincados en el continente, algo más relajados y concesivos.

El puente contiene todos los ingredientes que hicieron del policial nórdico un género de culto. La sordidez de los crímenes contrasta con lo armonioso y adecuado del ambiente general, del mismo modo que resalta la sangre en la nieve. Los agentes de la ley en su gran mayoría carecen del glamour que nos tiene acostumbrado el cine más instalado por las corporaciones. Se los ve cumplir sus funciones con la entrega habitual, pero se sabe de sus vidas privadas, no siempre casualmente infelices o desajusadas. Se observa la integración social, al dejarse ver entre el elenco a alguna persona discapacitada, y a la vez se denuncia el trato discriminatorio hacia los inmigrantes. Muestran altaneros y orgullosos su modo de vida balanceado y delineado, en el que la mención al suicidio es moneda corriente. Se aprecia el lugar que ocupa la prensa en la agenda pública, no muy diferente de la del resto del mundo en su concepción, pero manteniendo algunos códigos que en otros puntos del planeta se han perdido hace tiempo.



Quienes hemos disfrutado de Wallander, Forbrydelsen o (con alguna distancia) Varg Veum, pudimos apreciar con placer la sutil diferencia que hay en estas producciones que llenan la pantalla sin excesos. Es que, a diferencia de lo que se ve en la televisión de difusión masiva de oferta dominante, las persecusiones policiales no son habituales, y no porque las calles sean más estrechas, sino porque son realmente muy difíciles que sucedan en la vida real en una gran ciudad. Aquí los policías son capaces de salir del galpón mucho antes de que explote, y no necesariamente un segundo antes. Los asesinos no distinguen rangos de edades ni posición social. Y los poderosos muchas veces son cuestionados por sus posesiones, sin tener que aparecer antipáticos ante la pantalla.

En particular, el logro de El puente radica en la excelente construcción de la relación entre los dos policías, ambos con fuertes rasgos de personalidad, que resultarán decisivos a la hora de resolver el misterio. Experimentados actores con amplia trayectoria en el medio, sus roles logran desarrollar un vínculo en el que se complementan sin rebabas, aún con las diferencias del caso. La extensión de la obra es justa, dejando una sensación de saciedad sin carencias ni hartazgos.

Apúrese a ver la versión original de El puente antes de que aparezca la remake yanqui. Como se supo tras el anuncio de AMC, no se renovará la serie The Killing (version norteamericana de la danesa Forbrydelsen) para una tercera temporada. En su lugar, la compañía ya pidió un piloto de El puente para supervisar una adaptación que se llevará a cabo en El Paso/Juarez, en la frontera entre México y Estados Unidos.

Imdb: http://www.imdb.com/title/tt1733785/

domingo, 29 de mayo de 2011

Historias de cocina



El relato se inicia con un formato documental, en el que una voz locuta que en 1944 las amas de casa suecas y los profesores de economía doméstica (si, leyó bien), fundaron el Instituto de Investigación del Hogar (HFI), en cuyo ámbito se realizan experimentos sobre equipamiento y formas de cocina. El objetivo de esta investigación es desarrollar nuevos y mejores productos y favorecer las condiciones de trabajo de las amas de casa. El próximo objeto de estudio está relacionado con los hábitos de cocina de los hombres solteros en Noruega. El film narra ese estudio en particular.

Una larga fila de vehículos hace una pirueta en la carretera al cruzar la frontera de Suecia con Noruega: hay cambio de orientación en las rutas, y los conductores deben respetar el nuevo sentido. Allí dos personas comentan esta diferencia que si bien es formal, entabla una constante a lo largo de la proyección: la relación de cordialidad y a la vez el desafío que siempre existe entre los habitantes de dos países vecinos, que se reconocen en repetidos hábitos pero se buscan superar en cualquier pequeña contienda. Cada automóvil remolca una diminuta casa rodante con el logo del HFI. El resto del paisaje es el blanco monótono de la nieve.

Los pueblo todo está alborotado por la llegada de los investigadores. Más tarde en la sede de municipal, el jefe a cargo presentará a la audiencia los resultados del estudio anterior, el cual arrojó que las amas de casa suecas caminan en un año en su cocina la distancia equivalente a la que existe entre Suecia y Congo. Con la posterior reubicación de los elementos de la cocina, ahora sólo tendrá que hacerlo hasta el norte de Italia. Llega a esta etapa de la investigación el turno de los hombres solteros, y los noruegos de la pequeña ciudad de Landstad son los eleguidos. En cada cocina se instalará un observador del instituto sueco y registrará los hábitos de los hombres solos. Una silla elevada, similar a la que utilizan los árbitros de tenis, y una carpeta de apuntes será lo único con lo que contarán para llevar adelante su trabajo, que carga con el férreo compromiso de mantener una conducta de no intervención en las tareas del hogar y de no interactuar ni hablar con los observados, por tentador que resulte el caso. Vivirán en su propio remolque, que se estacionará junto a cada casa.



A Folke, le ha tocado la casa del viejo Isak, que a último momento se arrepiente de querer participar en el proyecto. Es tosco, huraño, y si bien finalmente cede, ve con desconfianza a ese hombre que lo observa desde lo alto. Folke se empeña en mostrarse amable y sutil, un perfil sueco muy de molde. Lentamente, tanteando a cada paso sus movimientos, ambos personajes irán construyendo un vínculo inesperado para ambos.

Así de sencilla se plantea esta historia, y no requiere de más para convertirse con el transcurrir de los minutos en una excelente película, de lo más sensible y delicada al ojo y a los afectos. Compuesta por numerosos pases de comedia, en algunos casos absurda y en otros costumbrista, transita el drama con dignidad y sin los golpes bajos que por su propia trama se podrían haber presentado. Hay contrastes gratos de ver, el de una sociedad que por un lado necesita estudiar y catalogar cada detalle de la actividad humana, pero por el otro no tiene los reflejos necesarios como para acercar la contención adecuada en el momento preciso, tal vez por exceso de estudio o por defecto de contacto.

Imdb: http://www.imdb.com/title/tt0323872

sábado, 22 de agosto de 2009

Una historia de amor sueca




Primer largometraje del director sueco Roy Andersson, realizado en 1970, que cuenta el mundo contemporáneo de su país visto desde los ojos de los jóvenes de aquel entonces. Más que jóvenes, en realidad, casi púberes muchos de ellos, que comienzan a transitar el camino de los primeros impulsos hormonales, en una sociedad que parece debatirse entre el desprejuicio y la insatisfacción conservadora.

Pär es un joven de 15 años, y con sus amigos salen en sus motocicletas a presumir frente a las chicas de su edad, entre las que se encuentra Annika, que tiene 14. Se conocen del barrio, se cruzan seguido en las actividades de sus padres, se miran, dialogan en secreto con sus respectivos amigos... en fin, hacen todo aquello que es patrimonio del mundo de los adolescentes. Todos jóvenes bellísimos, muy rubios, muy pulcros y sin ningún rastro de carencias económicas.

Las familias de ambos chicos muestran en cambio serias grietas en su constitución, representan un modelo de adulto burgués que todo lo tiene pero a la vez todo le falta. Hay severas carencias afectivas entre sus padres. La tía de Annika, muy cercana a ella y con quien comparten largas charlas, es una mujer que no puede rehacer su vida tras una separación conflictiva. Los padres de Annika muestran una relación distante: el hombre de la casa es la quintaesencia de la frustración, y se queja de casi todo lo que sucede en este mundo; su esposa soporta como puede con vergüenza el marido que ha elegido. La situación en la casa de Pär no es mucho más diferente.





Juntos comienzan una relación contada desde su óptica, sus conflictos y sus angustias. La película es un clásico melodrama de jovencitos, pero con el detalle que los adultos parecen ser esta vez los incomprendidos, y quienes cargan con los gestos y las acciones más incomprensibles y contradictoriamente, menos maduras. En este contexto, las situaciones que les toca vivir a los más jóvenes, parecen ser las más espontáneas e inocentes.

La delicada belleza con que Andersson registra los gestos de los chicos, la música justa y precisa que no invade la escena, y los diálogos hechos a medida de quienes deben llevarlos a cabo, hacen de esta película una bellísima muestra de sutileza y un claro ejemplo de que cuando las imágenes tienen una fuerza tan poderosa, no es necesario utilizar más maquillaje encima.

La escena final, con el desenlace de lo que fue una cena para celebrar el encuentro entre ambas familias, muestra lo que más tarde sería una marca de fábrica del cine de Roy Andersson: su especial talento para la utilización del ridículo, como hemos visto en Canciones del segundo piso y Du Levande.

Imdb: http://www.imdb.com/title/tt0065955/

viernes, 22 de agosto de 2008

Du levande



Este excelente film llega con sorpresa. No hay protagónicos que sobresalgan, ni conflictos demasiado estremecedores. Se trata más bien de un film de situaciones, a decir por el título original (“Tu, que vives”) aquellas que se podrían encontrar en la vida de las personas.

La magia del film radica justamente en transformar estas situaciones en momentos de gran fantasía, en pasajes que mixturan sueños y pesadillas, o bien en relatos sumamente graciosos, pero todos ellos como parte de un contínuo devenir, un tránsito por el hilo conductor de todos ellos que es, justamente, la vida misma.

¿Qué puede tener de particular ver a un integrante de una banda ensayando su parte de bombo? ¿O una tormenta tan descomunal que hace paralizar a toda una ciudad, solamente para mirarla? Las escenas se suceden y no dejan de cautivar, tal vez por la pericia de una cámara que sabe componer cuadros sumamente acertados, más por lo que sucede en el segundo plano que en el foco.

Más que agradable y reconfortante, un verdadero bálsamo para los ojos y una apuesta para almas que ya no creen más en las emociones.


Página Web: http://www.royandersson.com/dulevande/
Imdb: http://www.imdb.com/title/tt0445336/