lunes, 18 de mayo de 2009

El desierto rojo



Este film de 1964 contiene varias aristas que deben ser consideradas cuidadosamente. En primer lugar, cierra un ciclo que el director italiano Michelángelo Antonioni dedicó a los más profundos sentimientos humanos. Sus antecesoras, El grito (1957) y La noche (1961) ya habían ahondado en temas como el desamor, la falta de comunicación y la alienación, y a partir de abordar estas cuestiones, el director se constituyó en algo así como un pionero en el hecho de tratarlas. Es además la primera película en color filmada por Antonioni, y puede apreciarse como esta nueva técnica es utilizada para destacar ciertas características muy acordes al tono general de la obra.

La trama gira en torno al persona de Giuliana (excepcional Monica Vitti), una mujer de familia burgesa, casada con Ugo (Carlo Chionetti) un ingeniero químico absorbido por su trabajo fabril. Giuliana sufrió un accidente automovilístico por el cual debió ser hospitalizada durante un mes, y ya dada de alta, experimenta sensaciones de abandono y persecución, como así también, una conducta dubitativa y errante. El tercer lado del triángulo lo completa Conrado (Richard Harris), un amigo y compañero de trabajo de Ugo, quien se encuentra en pleno armado de un plan para radicar una fábrica en el sur argentino.

Ugo se muestra desatento y algo desconsiderado con Giuliana; se la presenta a Conrado advirtiéndole que desde el accidente “no razona con claridad”, y que quiere abrir una tienda “no se de que” en los alrededores del lugar. Por su parte, Rávena, la ciudad italiana dónde sucede la acción, se muestra como la consecuencia de una despiadada industrialización: el paisaje es de fábricas contaminantes y ríos apestados por los desechos tóxicos, constituyendo un telón de fondo al ya trágico vacío existencial que siente Giuliana. Ella aparece con una expresión de sufrimiento casi constante, sin ella misma poder determinar de dónde proviene el dolor, preocupándose por exceso por su pequeño hijo y por su propia salud, ante la mirada poca atenta de su marido. Es Conrado, quien desde fuera del universo de la pareja, puede presentir en algo sus padeceres, se muestra atento y busca en ella respuestas que no son fáciles de hallar.





Y se llega así al meollo mismo de la película, aquello que tanto preocupó a Antonioni por ese entonces, que es la insatisfacción en la que desembocó ineludiblemente la clase burgesa de esos años. La bella casa del matrimonio, que tanto desentona con el gris entorno de fábricas y obreros en huelga, da lugar a la gran paradoja del desarrollo que ya por ese tiempo se vislumbraba, en medio de una Italia en pleno crecimiento industrial. Las palabras faltan, hay grandes silencios, y el entorno lo domina todo, y es en los colores en donde se encuentran las más fuertes contradicciones de la situación en la que viven los protagonistas.

No fue piadosa la crítica con El desierto rojo. Se la tildó de pretenciosa, pero fundamentalmente se cuestionó la falta de un conflicto concreto en torno a los protagonistas, y en mi opinión, hubiera sido un ejercicio facilista por parte del director construir uno. Exige un esfuerzo situarse en la trama, tratar de comprender al personaje, e intentar abarcar sus pesadillas, pero quienes consumimos este tipo de cine (afortunadamente) tenemos cierto entrenamiento para estas cosas, con lo cual no dejaremos de disfrutar tanto su proyección, como su posterior elaboración una vez finalizada. A por ella.

Imdb: http://www.imdb.com/title/tt0058003/

lunes, 4 de mayo de 2009

Un café en cualquier esquina



No puedo evitar preguntarme, hoy, a principios de mayo de 2009: ¿tardará mucho en llegar al cine la crisis del global del capitalismo que estalló hace unos meses? Teniendo en cuenta el proceso de selección de escenarios, casting de actores, conformación del presupuesto, contratación de guionistas, escenógrafos, iluminadores, músicos, más el interminable etcétera que implica la realización de un film (más si se tiene en cuenta el despliegue de Hollywood), y considerando mediados de septiembre del 2008, como para poner una fecha al estallido, son casi 8 meses. Inevitable analogía con un parto humano, se nos presenta inminente el nacimiento del nuevo hijo de algún estudio de cine en el que se retrate el desastre.

De mucho antes, del 2005, es esta Un café en cualquier esquina, del norteamericano de ascendencia iraní Ramin Bahrani. Esta es su primer película, y obtuvo numerosos premios, fundamentalmente en los circuitos de cine independiente.

Ahmad (Ahmad Razvi) tiene un puesto callejero en Manhattan. Vende café y rosquillas a los transeúntes que de camino a su trabajo hacen un alto para aprovisionarse, sobre todo en las frías mañanas del invierno. Su trato es cálido y bien retribuido, aún cuando las diferencias sociales entre él y sus clientes, en su mayoría elegantes oficinistas y ejecutivos, es notoria. Ahmad recuerda el gusto de sus compradores más frecuentes, y el breve diálogo que puede entablarse mientras prepara el pedido con premura, aplana por un instante las asimetrías.

Ahmad es paquistaní, y se lo ve integrado con su comunidad, partisanos de su tierra que ofician de taxistas, vendedores de diarios y otras tareas reservadas para los inmigrantes. Todos intercambian sus pesares y padecimientos en torno a la dificultad de progresar y mejorar en su condiciones laborares, mensajes que presagian la crisis que ya se está gestando, y que años más tarde estallaría sin piedad en la nación más poderosa de la tierra.





Aparentemente ser paquistaní no es ser árabe en Manhattan. Aún con el recuerdo fresco del 2001, en ningún momento de la película se deja ver comentario o gesto alguno que indique la incomodidad tantas veces vista de algunos norteamericanos ante la proximidad de un turbante o una barba. Por el contrario, se lo ve como un personaje que establece un punto de encuentro y reparo en la ajetreada rutina de la metrópolis.

Ahmad repite diariamente el ritual de recoger el carrito de dónde se encuentra guardado, muy temprano a la mañana, cuando aún el sol no se ha mostrado, y arrastrarlo por la calle entre los autos y los medios de transporte. Son varias las calles que debe atravesar hasta su destino, y a lo largo de ellas se lo ve tirar como una bestia tira de su arado, el animal delante de la máquina que es tratada como el bien más preciado. Porque es ese carro la fuente de ingresos más importante, aunque no la única, ya que a la tarde, cuando termina su labor gastronómica, se dedica a vender de modo callejero películas pornográficas entre los pares que encuentra por el camino: otros vendedores, changarines, choferes, mozos, etc.

Después sabremos que Ahmad tiene un hijo que apenas conoce, que todo su esfuerzo esta puesto en poder tener un lugar decente dónde llevarlo a vivir con él. La lucha diaria no es fácil para él, pero en ningún momento se lo ve perder la dignidad ni sumido en el fracaso.

Un encuentro con una mujer española dará pié a una relación difusa y a la vez extraña. Noemi, (protagonizada por la catalana Leticia Dolera), se entrecruza en el circuito diario de Ahmad al reemplazar a un vendedor de diarios y tabaco que él mismo frecuentaba. La relación crece con tibios encuentros diarios, brevísimos instantes en los que apenas pueden entrecruzarse palabras. La irrupción en escena de un coterráneo de Ahmad, más exitoso según los parámetros dominantes, transformará en todo el panorama. En poco tiempo, Ahmad y Noemí se encontrarán en medio de fiestas y actividades, y allí aparecerán las características propias de cada raza.

Sucederán algunas cosas más a lo largo del film, que no quiero contarlas, no para evitar revelar secretos que modifiquen sustancialmente la dirección de la obra, sino para no estropear el particular deleite que al menos yo sentí al verla. Ý es que la mayor parte de la película se parece mucho a la vida de todos los días, en los cuales no hay grandes sorpresas o se desencadenan hechos que nos cambian para siempre. Pero indefectiblemente, todos los días nos suceden cosas que, aún de forma imperceptible, nos van torneando, a veces suave y otras fuertemente.

Recién pasado el día del trabajo, me encantó recordar esta jornada viendo esta película.

Imdb: http://www.imdb.com/title/tt0464105/

jueves, 23 de abril de 2009

Un hombre sin pasado



Filmada en 2002, esta película del finlandés Aki Kaurismäki muestra un país que no parece fácil de abordar a simple vista. Ya mencionado anteriormente en otro tópico de este medio, el espectador más desprevenido o tal vez menos informado, puede formarse una imagen particularmente gélida del país nórdico. Quizás más allá de la que sugiere su clima en particular, la Finlandia de Kaurismäki es poco menos que desaprensiva, indiferente, y básicamente insensible.

El protagonista de la historia casi no es mencionado por su nombre en toda la película. Sólo una letra, M, lo identifica en algún pasaje. Y es que no sólo perderá su nombre, sino mucho más que eso: al poco de llegar a la ciudad, y tras quedarse dormido en un banco de una plaza, es abordado por una patota de delincuentes que, no contentos con robarle todas sus pertenencias, lo muelen a palos. Y si es que existen, (al menos el director no los muestra), no son los medios de comunicación preocupados por la inseguridad quienes se ocupan de él al día siguiente, sino la salud pública. Vendado como una momia, en la cama de una sala que apenas muestra lo necesario en cuanto a instrumental y hotelería, un médico y su asistente certifican el deceso del desgraciado, casi como una salida preferible a lo que sería una vida postrada y reducida.

M (Markku Peltola) no se muere, o resucita, como quieran. Se recompone y vuelve a la vida, sólo que sin siquiera una imagen en su memoria. Y allí iniciará su peregrinaje por una vida sin recuerdos, sin pasado. Quienes se harán cargo de él pertenecerán al mismo grupo social que lo llevó a ese estado: los marginales, los desplazados, aquellos que ven en su desventura un reflejo de su propia vida. M no sólo esta sin recuerdos: sin pertenencias, sin casa ni dinero, será acogido por quienes tienen apenas algo para compartir de sus precarias vidas.

La irrupción del Ejército de Salvación constituye una de las escenas mejor logradas del film. Una larga cola de excluidos hace turno para recibir un plato de comida caliente, mientras la banda ejecuta canciones de fe y esperanza, ataviados con trajes impecables. En esta brigada M conoce a Irma (Kati Outinen), vieja soldado de las tropas de Kaurismäki en otras películas, con quien traba una relación que redondea la historia.





La economía de gestos y palabras, como en tantas otras realizaciones del director, es impactante. Las escenas se suceden con un brevísimo fundido a negro, como dándole aún más languidez al relato. Y tal vez halla que entender en esta forma de contar la historia una intencionalidad particular por parte del cineasta. Algo así como una oposición a tanto efecto, a tanto grito, a tanta saturación de estímulos con la que la industria del cine nos tiene habituados, y sin la que (parece) no somos capaces de sentir nada. La transmisión de una idea, o de un sentimiento en particular, se desprende de un gesto tan minúsculo como imprescindible, y la sobreabundancia de condimentos posiblemente nos haya saturado el gusto, con lo cual cada vez será necesario ponerle más picante al bocado para poder recibir algo. La apuesta de Kaurismäki es la inversa: empezar a quitar para volver a percibir.

El mensaje es altamente simbólico a lo largo de la película. Todas las fuerzas se agrupan en aquel margen de la idealizada ciudad europea: el guardián de la ley, la fe cristiana, los artistas. Este hombre sin pasado rearma su presente como si antes ya hubiera pertenecido a este mismo grupo, y a medida que se recupera, va tendiendo redes y lazos que lo sostienen, y que sostienen al grupo mismo, como una forma de devolver a esa sociedad los favores recibidos. Aquí nadie se plantea las atribuciones correspondientes por el sólo pago de impuestos, se trata de una comunidad surgida de la marginación y el aislamiento de una sociedad que en parte los contiene, y en parte los rechaza.

Quienes se emocionaron con Nubes pasajeras, seguramente volverán a hacerlo con Un hombre sin pasado. El mensaje esperanzador permanece, el humor negro tan sutil como los gestos, las interpretaciones medidas y justas, siguen ahí presente. Y de ese hombre sin recuerdos, sólo y abandonado, esa escoria que desborda de los modelos ideales de sociedad, será capaz de construir el nuevo hombre del futuro.

Imdb: http://www.imdb.com/title/tt0311519/

miércoles, 25 de marzo de 2009

Caminando



Cada año, la familia se reúne para conmemorar ceremoniosamente un nuevo aniversario de la muerte de Jumpei, uno de los tres hijos del matrimonio, quien se ahogó al salvar a un niño que había caído al agua. Este año en particular, se cumplen quince años de la tragedia, y la familia se apresta a pasar un fin de semana en comunión, como una manera de mitigar el dolor, y también como una forma de encuentro, ya que los ya ancianos padres viven en una localidad un tanto alejada de los centros urbanos en donde se encuentran los hijos con sus respectivas familias.

Kyohei (el padre) y Toshiko (la madre) viven con entereza a pesar del duro golpe de perder un hijo, y sobrellevan con dignidad los achaques de la edad. Kyohei es un médico, y supo tener una clínica de cierto nombre en su ciudad, pero dos motivos importantes impiden la continuidad de su trabajo: su deteriorado estado de salud, y la no continuidad en sus hijos de la profesión. Sin embargo, en el frente de su casa aún se conserva el cartel con el nombre de la clínica, y siempre llama algún vecino enfermo al que el anciano acude a atender, a pie y con la ayuda de su bastón.

Toshiko constituye la típica madre japonesa que vive para su marido y sus hijos. Sabe que este fin de semana llegan a su casa, y está sumamente atareada preparando más y más comida. Le reclama a sus hijos que la llaman poco, que cuándo le darán más nietos, que se cuiden la salud... todas esas manifestaciones de cariño que trascienden la geografía y las culturas.

Los dos hijos del matrimonio tienen formas de vida diferentes. Chinami está casada con un vendedor de autos, tiene niños, según su madre todavía no aprendió a cocinar a pesar de haberla visto hacer el mismo plato durante años, y tiene como proyecto mudarse a la casa de sus padres, especulando con utilizar el espacio que los años van dejando libre. Su marido aparece como un adulto poco incorporado a la cultura familiar, manejándose al borde de las situaciones que se presentan.

Ryoto es el otro hijo varón, es restaurador de obras de arte y vive con Yukari, una mujer viuda, madre de un pequeño niño. Los tres viajan a la casa de los padres, y en el trayecto de ida vacilan de quedarse todo el fin de semana o pasar sólo un día con ellos. Es que Ryoto duda de la recepción que sus padres harán a Yukari y su pequeño Atsushi, como también de la comodidad que puedan sentir durante el tiempo que les toque pasar juntos.





El film mostrará el fin de semana de reunión familiar. En el transcurrir del mismo, veremos el profundo entrecruzamiento de sentimientos de cada uno de ellos, en medio de encontrados momentos de reclamo y dolor. Y es que los padres no parecen perdonar a Ryoto que no haya seguido la carrera médica, y de ese modo sentencie el fin de la profesión familiar; mucho peor aún, él siente que nunca podrá competir con el fantasma de su hermano muerto, que sobrevuela el ambiente familiar con el vuelo errática pero insistente de una mariposa.

Koreeda entiende de estos temas sensibles, y ya demostró repetidamente su enorme capacidad para infiltrarse en las fibras humanas más íntimas, dejando ver aquello en lo que nos resulta casi ineludible no sentirnos identificados, más allá de lo remoto que puedan parecer las distancias y las costumbres. Nos golpeó con la más dura realidad en Nadie sabe (Dare mo shiranai), nos dejó perplejos con Distance, y logró emocionar al más incrédulo e indiferente con la bellísima poesía de Después de la vida (Wandâfuru raifu), una verdadera obra de arte. También deja ver la particular relación que tienen los japoneses con la muerte, sus ritos, sus costumbres, las formas de comprender y asimilar el dolor, y también de entenderla como parte inseparable de la vida.

Un director que no parece regirse por patrones de mercado, sino de paleta, un artista sumamente joven, heredero de lo mejor del cine japonés de Kurosawa y Kawashima, y promesa vigente del cine oriental. A verla como sea.

Imdb: http://www.imdb.com/title/tt1087578/

miércoles, 11 de marzo de 2009

Nieve de abril



Recuerdo que, cuando se estrenó esta película, eludí verla básicamente por su casi inocultable pinta de dramón romántico al que son particularmente afectos los realizadores coreanos, máxime teniendo en cuenta que a mi no me gustan los dramones. Finalmente me decidí darle una oportunidad y debo reconocer que mi prejuicio de aquel entonces me jugó una mala pasada. Nieve de abril es una buena película, poblada de gestos y silencios que junto con la cuidada fotografía redondea una obra interesante.

La mayor parte del film transcurre en un centro hospitalario. In-su (Bae Yong-jun) es ingeniero de iluminación y trabaja para una empresa que monta shows musicales. Seo-young (Son Ye-jin) es una simple ama de casa. Ambos son llamados de urgencia del hospital en el cual ingresaron sus respectivas parejas gravemente heridas tras haber sufrido un accidente automovilístico. Allí se conocerán, sumidos por la angustia en medio del drama que los acoge.

El conflicto que gobierna la obra se presenta rápidamente sin mayores misterios, y justamente ahí descansa su mayor logro: en el transcurrir. El clima general acompaña las encontradas sensaciones de In-su y Ye-jin al descubrir las circunstancias que enmarcaron el accidente de sus esposos. La historia es, por decirlo de alguna manera, chica, sin demasiados derivados ni complicadas ramificaciones: ya demasiado tienen ambos con lo que les toca vivir, y seguramente fue el deseo del director Hur Jin-ho mostrar ese drama sin ningún otro ingrediente que pudiera distraer la atención del espectador.





La película tiene el valor de instalar en quien la disfruta el concepto de fragilidad. Lo frágil de las relaciones, de las posesiones, y, por supuesto, de la vida misma. Genera preguntas a fuerza de provocar incómodos momentos en los protagonistas, pero que a la vez, no dejan de ser reales para la vida real de cualquiera del resto de los mortales. Maneja con sutileza los tiempos, dosifica la música sin predecir momento alguno, y hasta se permite algún que otro chiste de humor oscuro.

Sin embargo, y desde mi punto de vista, el logro mayor del film es no sentirse obligado a dar una respuesta acorde con la moral dominante de buena parte del stablishment cinematográfico. Cualquiera que consuma cine norteamericano y europeo de masas, seguramente descubrirá en Nieve de abril muchas referencias otras películas con alguna que otra similaridad en la trama, pero su inconsciente le llevará a pensar que el desenlace marchará hacia un sitio que no es el elegido por Hur Jin-ho.

No es de nevar en abril en Corea, más bien es primavera, aunque cada tanto, muy cada tanto, sucede que el clima da esas sorpresas, y las personas se deleitan con la pureza de la nieve fuera de tiempo. Así se nos plantea esta Nieve de abril, tan fuera de lo común, siendo simplemente un fenómeno con el que convivimos todos los años.

Imdb: http://www.imdb.com/title/tt0448663/

domingo, 22 de febrero de 2009

El río congelado



Massena es una localidad al norte del estado de Nueva York, en los Estados Unidos, al borde del límite fronterizo con Canadá que establece el río St. Lawrence. Ray (Melissa Leo) vive en una modesta casa del tipo premoldeado, como muchas de las que hay en el lugar, junto con sus dos hijos, T.J (Charlie McDermott) y el pequeño Ricky (James Reilly).

Justamente la vivienda de Ray se acerca al fin de su vida útil, acosada por los duros inviernos del lugar. Y la película comienza con la nueva casa que por fin llega, en un gran camión de transporte, y en medio de la alegría de la familia. Pero el último pago de la vivienda está pendiente, ya que un atraso en el envío de dinero del ausente padre nunca se concretó, y siendo ésta una condición indispensable para la entrega, el conductor del camión se marcha, con la casa y las ilusiones sin desembalar.

Así, y más dura aún, está planteada la vida de Ray y sus dos hijos, en medio de un clima hostil, por la temperatura tanto social como la que marca el termómetro. Ray se esfuerza en todo, en arropar a sus hijos para que vayan a la escuela, en contar las últimas monedas para que tengan para el almuerzo, y en tapar cuánto agujero aparezca, reservando las lágrimas sólo para los momentos de soledad. T.J. es muchacho de quince años que cuestiona a su madre como buen adolescente, instándola a que vaya a buscar a su padre, a quien tiene como un fuerte referente y pidiéndole que le deje conseguir un trabajo que, según él, le permitirá ganar más dinero que el que ella gana.

Es duro el pronóstico para Ray, que debe obtener pronto el dinero para pagar la última cuota de la casa o perderá el depósito. Solicita trabajar en doble turno para ganar algo extra, pero no lo consigue, a la par que la relación con su hijo se tensa cada vez más. En estas circunstancias conoce a Lila (Misty Upham), una indígena que vive en la reserva mohicana establecida en el lugar. Lila está integrada como puede a la civilización dominante, alternando sus ocupaciones entre la indigencia y la ilegalidad. La relación entre ellas, que comienza de manera algo violenta se irá encajando con el tiempo, dando lugar a una sociedad a la que Ray se verá empujada por la urgencia de su situación.





Hay una belleza natural en el paisaje, y un pausado tratamiento del relato, que no diluye en absoluto su espesor dramático. El rostro al natural de Melissa Leo la muestra como es: una actriz de enorme calibre, a la altura de esta primera gran obra de Courtney Hunt, que entre tantos premios, se alzó con el gran premio del jurado del Sundance del 2008.

El río St Lawrence, congelado en el invierno, constituye una perfecta y a la vez terrible analogía de la vida de Ray. La dura capa de hielo puede permitir el tránsito de vehículos, pero las grietas siempre son una fuerte amenaza que puede resquebrajar el entorno todo y dar lugar a la tragedia. Ray sabe que soporta sobre sus espaldas el destino de sus hijos, y no puede permitirse la más mínima rajadura. A la vez, intenta mantener una armonía familiar que no puede escapar de un sistema que todo ofrece a cambio de un poco de dinero de anticipo, y luego va quitando de a uno los eslabones de la cadena que unen a la frustración y al fracaso.

Massena tiene sus propias reglas, y como buen lugar alejado de las urbes, el trato de la policía, tanto estatal como indígena para con la gente del lugar es destacable. Pero también hay leyes, que parecen inquebrantables. Una es la del mercado, que como un centinela nos recuerda cuando no cumplimos las obligaciones creadas por el sistema mismo. Otra es la ley de los principios y la dignidad de Ray, imposibles de quebrar y a la vez, capaces de soportar más peso que todo el hielo del planeta.

Imdb: http://www.imdb.com/title/tt0978759/

martes, 17 de febrero de 2009

El lector



Del director Stephen Daldry, aquel que llevó a cabo la brillante Las horas, llega su última película, El lector, un film situado en la Alemania post segunda guerra mundial.

Michael (David Kross) es un adolescente que de vuelta del colegio, visiblemente enfermo y empapado por un aguacero, se pone a resguardo en la entrada de una casa de departamentos. En ese instante irrumpe Hanna (interpretada por mi esposa Kate Winslet) quien lo asiste, y una vez recuperado, se ofrece a acompañarlo en un tramo del camino de regreso a casa. Hanna se presenta como una mujer sumamente atenta con el chico, pero de carácter rústico y poco afable. Michael se verá rápidamente atraído por esa mujer, mucho mayor que él, a la que visitará frecuentemente dando inicio a una relación tan apasionada como difícil.

La película está planteada con un continuo ida y vuelta en el tiempo, en el que vemos a un Michael adulto (Ralph Fiennes), ya abogado, gozando de una posición económica acomodada como fruto de su educación, en duro contraste con la primitiva naturaleza de Hanna. En estos viajes a través del tiempo, también se deja ver que Michael tiene una hija, pero que no pudo llevar adelante una vida de pareja que lo satisfaga.

Algunas verdades serán develadas a lo largo del film, y significarán una bisagra tanto en la relación como en las vidas de ambos. Bruno Ganz tendrá dos papeles en el film: será el profesor que guíe a Michael en los temas del derecho, y a la vez la voz de la conciencia que intentará mantener el film equilibrado en términos de corrección política. Completa el reparto Lena Olin en una intervención corta y muy justa.





Esta película se suma a las últimas que han aparecido (La caída, La vida de los otros, Los falsificadores) en un intento de menguar la culpa de una sociedad europea que se debate entre lo correcto y lo conveniente. Un suceso terrible del holocausto es conocido a través de la publicación de un libro, y allí se disparan los resortes de una moral que siente que debe reaccionar rápidamente y de manera ejemplar. Ante un hecho, una reacción, de ser posible lo suficientemente contundente como para dejar balanceada la conciencia de la culpa colectiva versus la responsabilidad que le compete a una nación que, no viendo el huevo de la serpiente, dejó crecer al monstruo hasta que se hizo incontrolable. Y es un jóven compañero de estudios de Michael quien reacciona frente a esto, escupiendo en el rostro de una sociedad hipócrita, que las responsabilidades de todos no se limpian con la condena de pocos.

El jóven tendrá un mínimo espacio en la pantalla, tal vez como para intentar dejar sentado desde la dirección del film, que se mostró que había otros elementos para considerar. "¿Quién lo sabía?", "¿Qué sabían?" (refiriéndose al holocausto) "Todos lo sabían. Nuestros padres, nuestros profesores. ¿Cómo pudieron dejar que sucediera? ¿Porqué no se suicidaron cuando lo descubrieron?"

Kate Winslet pone el cuerpo una vez más y se pone al hombro el film, aún cuándo el guión destila la moralina más utilizada en los últimos tiempos, pero no alcanza. Ralph Fiennes compone a un hombre indeciso, débil, quizás marcado por las palabras de su compañero por el resto de su vida. O tal vez por la culpa, la misma culpa que se le chorrea a la película por los cuatro costados.

Imdb: http://www.imdb.com/title/tt0976051/